lunes, 6 de junio de 2016

Confesión...




Nací más de dos veces al ala de tu sombra.

Fui más de una mujer…
El tiempo me amparó bajo la bendición del reino azul que estalla
vidriando los caminos en espejos.
Me hundí en tus ojos, fluí por sus meandros libremente,
fui alma de ángel y carne del deseo y uña y garra y tiempo.

Fui más de una mujer hurgando la cara oculta de tu luna,
sabiéndote en los vértigos posibles de tu historia,
entretejiendo las tempestades en los sueños
para que la nostalgia no escape en las fisuras,
mordiendo la eternidad donde la marea arrastra la memoria
hacia el pecho insondable y ajeno a su reverso.

Para dejar de estar como si no estuviera.
Para vivir despojada de las pieles ajenas a este cuerpo,
cubierto con ropajes de otros nacimientos,
estampado en otras suertes ajenas a mí misma,
de otras –yo- coronando a la huésped solitaria que me habita.
 
Fui más de una mujer iluminando la sed inagotable de tus ojos,
y en todas me quisiste sin saberme, como si fuera única.


Martha Jacqueline 

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