viernes, 3 de junio de 2016

Lo distante de un día...





Yo he sentido lo distante de un día
deslizarse en la lumbre que enciende la nostalgia,
unas pocas visiones descifrar el misterio
por donde pasarás aunque no vayas,
la sombra del ahora
creciendo en la mirada de lo que no permanece.

Es la trampa por donde asoma la marea
que cruza por la niebla de unos pocos testigos,
esa tierra negada al abandono que te sale al encuentro
cuando alcanzas a ver apenas lo tocado
a través de las lágrimas de todo lo perdido.

Pero tú no comprendes las primaveras rotas
en el cuadro acabado que no vuelve contigo,
ni ese idioma inconcluso en los gestos de otros,
recogido un instante para después de ti.
¿De quién sino esas rosas, marchitas, sin relevo,
en medio del estruendo de tu corazón
partido por el rayo de ese talismán
al que llamas pérdida de todo porvenir?

Ese momento fue vencido.
Vencido por el reclamo de todo lo imposible,
sellado allí en tu vida lo mismo que una lágrima
marcada por caer hacia lo alto de toda tu tristeza,
convertida en sombra de luna o resto inanimado.

Nada hallarás allí.
Aunque lo envuelvas todo de memorias
e intentes corregir la misma noche intensa,
ya todos los adioses no son ni para ir,
solo queda la estrella,
la posesión milenaria de esa última puerta,
de ese cielo que huye por entre las rendijas
de un distante país.


Esteban D. Fernández
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