viernes, 20 de abril de 2018

La mendiga (poema)...



Mira a la mendiga que no acierta
a distinguir al mundo de sus precarios bienes,
la que encuentras en sitios desolados
construidos con todo aquello que olvidaste,
la que arranca tu foto de un álbum del futuro
para engañar a la añoranza,
la que remueve con su aliento las ascuas del atardecer
y es la hechicera
que hace con las líneas de tus manos
un sagrario para la idolatría.

Mira a la que raja en dos
las aguas del mar de tu conciencia
y pide y gime y vuela por las redes tendidas de tus sueños,
la que descansa su cabeza en una almohada
hecha con plumas de la muerte
y teje con tus lágrimas
el crudo lienzo para las despedidas.

domingo, 15 de abril de 2018

La historia oculta de Pablo Neruda…


Hoy quiero hablarles de algo que a mí me ha sorprendido muchísimo, una historia muy triste que no sé si ya ustedes conocerán pues data del año 2004. Me refiero a la hija que se ha descubierto que tuvo ese extraordinario poeta chileno Pablo Neruda con su primera esposa, la holandesa: María Antonia Hagenaar. 

                      
Según se cuenta, la niña, llamada Malva Marina Reyes, nació en 1934 y murió en Gouda en 1943 a causa de hidrocefalia. Para los que no lo saben, este es un trastorno cuya principal característica es la acumulación excesiva de líquido en el cerebro, lo que trae como consecuencia una dilatación anormal de los ventrículos lo que es potencialmente perjudicial en los tejidos del mismo.


Al parecer, el poeta la vio por última vez en 1936 y luego las abandonó a ella y a su madre.
No es hasta sesenta años después de su muerte cuando en Holanda aparecen las primeras fotografías de la niña. Este período sombrío de la vida del poeta, del que sus biógrafos no tenían mayores referencias, fue revelado por las investigaciones en Holanda de Antonio Reynaldos e Isabel Lipthay y de Alejandra Gajardó desde Chile.

jueves, 12 de abril de 2018

El fuego invisible de Javier Sierra. Premio Planeta del 2017


Hoy quiero hablarles de una novela que me ha parecido excelente y cuya lectura recomiendo a todos aquellos que aún no se hayan acercado a ella. Se trata de la novela de Javier Sierra: “El fuego invisible”, por la que obtuvo el Premio Planeta del 2017. Del autor ya había leído otra obra estupenda: “La cena secreta” y también: “La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia”.
He de decir que escuché su nombre por primera vez por referencias de Manuel Carballal, director de la revista especializada en España: “El Ojo Crítico” (Cuadernos de investigación para investigadores de anomalías), quien hizo mención de su persona en la entrevista que tuve el placer de realizarle en nuestro otro blog: CódigoBetelgeuse.
Ustedes se preguntarán qué tiene que ver esto que hablo con un blog dedicado a los Ovnis, ocultismo etc…, pero si son pacientes se los explicaré. Resulta ser que Javier Sierra es periodista, escritor e investigador, pero también ufólogo, de hecho, creo que es el primer ufólogo que se alza con un Premio Planeta. Y es que dicen que “nació en Teruel, un 11 de agosto… el mismo día en que llegaron los dioses según las crónicas precolombinas. Y el premio Planeta es solo el desenlace de una andadura que se inició en la ciudad de los amantes, cuando apenas levantaba un palmo del suelo”.
Cabe destacar, además, que es el primer escritor español que ha entrado en el Top Ten de la lista de los más vendidos de Estados Unidos, elaborada por The New York Times. Lo consiguió en marzo del 2006 con su obra The Secret Supper, La Cena Secreta, alcanzando el número 6. Esta novela se ha editado en 42 países y lleva vendidos más de tres millones de ejemplares, colocando al escritor como el segundo escritor español contemporáneo más traducido, tras Carlos Ruiz Zafón (45) y por delante de Juan Gómez Jurado (41). Varias productoras estadounidenses se han mostrado interesadas en llevar la novela al cine.

lunes, 2 de abril de 2018

Estoy aquí para alumbrarte (poema)

Fue sagrada la lluvia que limpió de tierra los tristes huesos de los muertos,
simple barro, manojo de albardillas que florecen murmurando la canción
que levanta la brisa de los inconmovibles labios del follaje.
Y aunque no importe llover y aunque no importen los muertos… aquí te espero,
aunque mi alma se haga muro que erige lo invisible en las ladronas alas de la niebla.

Mujer…
el sol se me hace negro como una amenaza de cielo sin promesas,
se me duerme la voz en el descanso de tus manos… -con tanto que decirte-
pero he cerrado mi boca con tu beso y he cantado un himno de alabanza
para después del día en que dictarán los dioses su palabra, donde yo seré tú:
en la frontera sin descanso de la piel, en el aliento final del porvenir,
en la sombra del vidrio que devoró el azogue con un hambre de espejo
a medio concluir.
(Entonces me mirarás igual que la profecía de un paso
que se anticipa al camino aún no creado
y hurgarás en el corazón cerrado de la rosa con ímpetu de celo).

martes, 27 de marzo de 2018

Si no existieras tendría que inventarte (poema)

Volví, sin darme cuenta, a repetir tu nombre…
no sé cuántas veces lo callé al morir el mío,
ni cuántas otras grité hasta verlo viento…

Horacio De Stefano

Stefano…
si no existieras
tendría que inventarte.

Pero… ¿cómo persuadir al Creador,
a su simiente cósmica
                 para un vientre mortal,
                            de hembra humana?

¿Cómo convencer a tu madre
de darte a luz para mí
diciéndole que una estrella se apaga
si no llegas al mundo
en el justo momento de esperarte?

Dulce brujo…
sigo las líneas de tus manos,
sus surcos,
sus contornos,
como quien sigue caminos por la tierra
que llevan a la verdad de un universo,
a su infinita esencia,
como si
en un parpadeo de tu noche
se entreabriera la palabra precisa,
y no un vocablo
con miedo a ser normal,
callado,
doméstico.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Poema del dolor...

Este sentir la noche en el dolor…
devastado está mi reino con tu ausencia,
no sé cómo escapar de esta pasión
que me enloquece, amor,
y que me ciega.

Ha de quedar algo de mí entre tus manos,
algo terrible o bello,
algo sagrado:
algún heliotropo colgando de la luna,
alguna caricia que se te hizo llanto,
un cadáver del miedo,
un suspiro,
mi cuerpo vegetal creciéndote en el fuego
o alguna memoria de esta fiebre
que nunca se hizo olvido.

Ha de quedar algo de mí,
ya no lo dudes:
la luz de mi sonrisa intraducible,
un gesto felino en tu mirada,
un verso a punto de ser verso
en el astral corazón de la manzana,
para que comas con tus ojos los recuerdos
y no te olvides ya nunca de estas ganas.