jueves, 23 de enero de 2020

Desnuda como Eva (poema)...


Estabas
a una almohada de mi nuca
con tus ojos de tigre
desvelado,
estabas con las garras al acecho
y tu voz de hombre
enamorado.

Estabas
con tus actos imprudentes
y entre los dos,
mordida,
la manzana.

Yo estaba
tan desnuda como Eva…
y tú,
a dos besos de mi alma.
 

domingo, 29 de diciembre de 2019

Los Drocornios de Calíghuly (Fragmento de mi novela El Engastador)

Hola amigos… para finalizar este 2019 les comparto un fragmento de mi novela El Engastador. Les deseo un feliz fin de año y un 2020 de éxitos y prosperidad.


Calíghuly, año 1779

La vieja Maía se asomó a la ventana y observó al sol que, como una gran bola de fuego, alcanzaba su punto alto en el cielo. El calor del astro, sin embargo, no era suficiente para menguar los rigores del invierno. La Epidemia de Calandra, traída del Alto Valle por comerciantes y usureros, cada día hacía más estragos entre los habitantes de Calíghuly. Maía observó la calle principal donde se alzaban pilas de cadáveres humanos con los cuerpos llagados y los ojos abiertos por un terror antiguo. Los niños huérfanos corrían, sin temor al contagio, alrededor de los difuntos arrebatándole las pertenencias y los objetos de valor.

La hechicera cerró la ventana y movió con cansancio la cabeza. Al lado de la chimenea, Ougust maullaba -simulando el llanto de un recién nacido- mientras arañaba con sus uñas el piso de tierra apisonada de un color rojo diabólico. La cabaña era de reducidas proporciones, pero tenía un desorden que parecía el orden de la investigación perseverante. Encima de la puerta de entrada un gran cuervo disecado se mantenía en posición de vuelo. En un estante se amontonaban frascos con baba de gato, alas de murciélago, polvo de alacranes y dientes de perro. Por doquier había pinzas, moldes oxidados, redomas ventrudas con líquidos opalescentes que exhalaban relentes ácidos que producían escozor en la nariz, vasijas de cuello corto taponadas con cera y libros cenizosos con cintas selladas con plomo.

Cuando Maía vio al espíritu del primer muerto atravesar la pared de la estancia, comprendió que había llegado su final. Debía actuar con prontitud. Se alzó la amplia falda de volantes azules y vio su pierna derecha cubriéndose de llagas. Se dirigió a la mesa de roble y colocó un rollo de pergaminos amarillentos, les sacudió el polvo y los extendió sobre la superficie.  Luego de un rato sumergida en una lectura que la condujo a profundas reflexiones, tomó una bombona de vidrio ámbar y extrajo de su interior un gran sapo toro. Con pericia de cirujana lo abrió al medio, pues para que el hechizo tuviera efecto debía consultar sus órganos mientras aún latían, y allí leer los designios del porvenir. Tras un rato de meditación, extrajo las vísceras del anfibio y las convirtió en un puñado de cenizas que depositó en un cuenco con otros polvos destinados para el objetivo previsto.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Shamballa...




Detrás…
el cielo del mundo es una raya en la palma del tiempo
que se lee sobre el pecho de la eternidad.
El viento florece en las espigas.
Vistamos la penumbra de sencillo, 
la voz de lo profundo, en el umbral.



Distantes como el secreto de una señal anunciada
por el trigo que los difuntos siegan más allá de los campos
abismados en el estigma de murallas de hierro;

cercanos como las cenizas de la perpetuación que dictan al pie de los oráculos
el trazado de un espacio no revelado a lo que nacerá otra vez
en el seno de lo que habita en el aura sagrada del berilo;

mensajeros del tiempo que se levantan en la memoria de la gran añoranza
del otro lado del no estar con la visión inclinada hacia la sombra
de los que no beberán las aguas de Leteo ni dejarán algo de sí
en el umbral de cada puerta leída en las tablas de piedra de la diosa.

Barro animado que se eleva hasta los humos del altar,
leche de cabra que nutre los siete pasos hacia los puntos cardinales,
llamado desoído por la hierba que de la providencia crece
en un murmullo de ofrenda que esgrime el sortilegio de las constelaciones.

Habitantes de la legión del más allá:
de los encadenados a la tierra
de los que no han de volver más
de los que no han venido aún.

Ángeles establecidos en el uno,
sobrevolando el resplandor de los espejos en la permanencia de la duración
donde un cántico recoge las palabras de "pase" que nadie dijo más,
el último llamado que prolonga la voz de una estación
que nace debajo del silencio lo mismo que el signo de un olvido;

viernes, 4 de octubre de 2019

Intentaste quererme como un juego (Poema)


Intentaste quererme, como un juego.

Tu alma… desnuda,
asistía al alba de mis labios
como fulgor luciendo en un convite.
Me diste una palabra,
la más sencilla,
aquella que del polvo me levanta.

Dijiste: Te quiero
como abriendo las puertas a un sediento
que lamía el agua en tus mejillas.
Ahora pesan en mí todos tus versos
cuando veo a la hambruna más honda de mi vida
con la ambición vacía.

Y me pregunto,
cómo alcanzarte esta vez,
cómo lograr sucesos habituales
sin ser sufribles,
cómo he de hallarte
en la sangre común de nuestros hijos.

No imaginas
los límites mellados en mis manos,
la sed que me acorrala
bajo el ala del tiempo envejecido.

Qué distante tu beso,
se vuela en la tormenta de mi pecho
muriente y resignado,
como brizna.

sábado, 14 de septiembre de 2019

No sé bien (poema)...


No sé bien.

Tengo un hombre creciéndome en el pecho,
vestido de silencio.
Entrecierro mis ojos y lo veo
andándome por dentro,
sembrándome su herencia allí en mi sangre.

Tengo un hombre desnudo entre mis labios,
me crece en la saliva
y lo encuentro formando mis vocablos.

No sé bien.
Tengo un hombre que me enciende por dentro,
enviado por Dios… tan mortal,
tan humano.

Parece venido de otro mundo.
Desviste mis pasiones
y se calza mis besos y mi ánimo.

No sé bien.
Tengo un hombre vestido tan sólo de silencio…
aquí, en este universo, desnudo entre mis manos.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Darren Crowley: “Soy un artista profesional a tiempo completo obsesionado con la pintura y creo arte todos los días de mi vida”


Darren Crowley es un artista irlandés de formación autodidacta. 

Pinta al óleo y acrílico sobre lienzo y páginas de libros antiguos. Las páginas descoloridas según su opinión dan una sensación de historia e intriga. Muchos de estos libros son de 1800 y todavía tienen escritos, mensajes de cumpleaños, notas, los mejores deseos… de los propietarios originales.

Las pinturas comienzan con una capa base de páginas antiguas sobre las cuales comenzará a emerger la imagen.