jueves, 12 de octubre de 2017

Poema de Konstantín Símonov: Espérame (Жди меня)…



Espérame que volveré.
Sólo que la espera será dura.
Espera cuando te invada la pena, mientras ves la lluvia caer.
Espera cuando los vientos barran la nieve.
Espera en el calor sofocante,
cuando los demás hayan dejado de esperar, olvidando su ayer.
Espera incluso cuando no te lleguen cartas de lejos.
Espera incluso cuando los demás se hayan cansado de esperar.
Espera incluso cuando mi madre e hijo crean que ya no existo,
y cuando los amigos se sienten junto al fuego para brindar por mi memoria.
Espera.
No te apresures a brindar por mi memoria tú también.
Espera, porque volveré desafiando todas las muertes,
y deja que los que no esperan digan que tuve suerte.
Nunca entenderán que en medio de la muerte,
tú, con tu espera, me salvaste.
Sólo tú y yo sabemos cómo sobreviví.
Es porque esperaste, y los otros no.


Sobre el autor: Konstantín Símonov (Konstantín (Kirill) Mijaílovich Símonov – en ruso: Константи́н (Кири́лл) Миха́йлович Си́монов: (Petrogrado, 28 de noviembre de 1915- Moscú, 28 de agosto de 1979) fue un escritor ruso.
Fue un reconocido poeta dedicado al género bélico. Su poema más popular se titula Espérame (Жди меня), y trata de un soldado que durante la guerra le pide a sus seres queridos que aguarden su regreso. El poema fue dedicado a su futura esposa, la actriz Valentina Serova.

martes, 3 de octubre de 2017

Amemos solamente aquello por lo cual podemos también morir…



Se va por la tierra andando como extraño y como loco, buscando seno donde reclinar la cabeza, labios donde poner los labios, hogar en que dar calor al corazón. Y se halla, y todo es bello de repente: abandónase el espíritu a los placeres de la confianza: germen caliente reanima el perezoso jugo de las venas. No es amor la solicitud de los presuntuosos, ni las vanidades de la mujer, ni los apetitos de la voluntad.

Amor es que dos espíritus se acaricien, se entrelacen, se ayuden a levantarse de la tierra en un solo y único ser. Nace en dos con el regocijo de mirarse, alienta con la necesidad de verse; crece con la imposibilidad de desunirse: no es torrente, es arroyo; no es hoguera, es llama; no es ímpetu, es ternura, beso y paz.
José Martí

Sobre la imagen
: Venus e Cupido de Alessandro Allori, Musée Fabre, Montpellier.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El viejo y el mar de Ernest Hemingway


Este relato le valió a Ernest Hemingway un Pulitzer en el año 1953.
Fue publicado por primera vez en otoño de 1952, primero en la revista Life el 1ro. de Septiembre y una semana más tarde en forma de libro por la editorial Scribner´s de New York.
Un viejo pescador, un muchacho y un pez, constituyen el núcleo central de este relato, derivado de una extensa novela que Hemingway comenzó a escribir luego de finalizada la segunda guerra mundial y a la que tituló: “The Sea Book”; una trilogía sobre el mar, la tierra y el aire, que nunca publicó en vida, pero cuya versión salió a la luz muchos años después bajo el título: “Islands in the Stream” (Islas en el Golfo)
Recreado en los escenarios de Cojimar, un pueblo pesquero anclado al noreste de La Habana, cuenta la historia de Santiago: un viejo y solitario pescador con el alma y la piel curtida por el sol y las aguas del Caribe, pero con la mirada invicta. Un hombre, que en su desesperada lucha por alcanzar su final con dignidad, trata a toda costa de arrancarle a la Corriente del Golfo una de sus más extraordinarias criaturas: un gran pez de unos dieciocho pies medidos de la nariz a la cola; sin tan siquiera sospechar que, con la muerte del mismo, estaría izando su derrota.
Sin lugar a dudas, “El viejo y el mar”, con su prosa llana, plena de encanto y reflexiones, enriquecida por un contacto directo del autor con la marina y ambientes cubanos, constituye uno de los relatos célebres más apasionados de la literatura norteamericana.

jueves, 24 de agosto de 2017

Temblor (poema)…

Veo manchas de sangre prendidas del cielo,
trocando en magenta lo que era un índigo diáfano,
una lluvia de lágrimas ácidas fulmina lo verde
oraciones rezadas sin crédito en el aire se pierden.

Veo mares crecidos del llanto
sordo el eco a súplica, a ruego,
a quejas ausentes,
banderas izadas y ondeando
en astas ajenas
en suelos extraños donde no pertenecen.

Veo manos cerrando los ojos
de miles de gentes,
y la tierra amparando en tropel
los cuerpos que yacen inertes.

lunes, 21 de agosto de 2017

Luis Eduardo Aute: Al alba...




Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son estas
que hieren como amenazas,
ni sé que sangra la luna
al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones
amor mío, al alba.