martes, 22 de enero de 2019

Cantata a lo imposible (poema)


Lo imposible, sí, lo imposible…
algo que se parece al relieve de tu rostro brillando en el cielo de mi soledad,
apenas una inextinguible sombra en la marcha del acontecer
que se escapa por las fracturas del alma
o el reverso de un escenario que se divide y multiplica
en la obra más excelsa de Dios.

Lo imposible, sí, lo imposible…
territorio inexplorado donde se fraguan los vínculos de todo lo inasible,
esa piedra juzgada en el presente por el pecado del polvo que fue ayer,
o arca de Noé para salvar especies que no son de este mundo.

¿Acaso has percibido su flor nacida en equinoccios
oculta en la memoria del gran día?
¿Acaso has visto la moneda que paga el precio de su muerte
en manos del barquero que lleva a la otra orilla?

Lo imposible, sí, lo imposible…
algo como el vacío que me crece dentro y no puedo palpar cuando te pierdo,
como cuando busco en un libro cualquiera de la noche
una palabra, un signo,
una señal que llegue poco a poco y se detenga,

miércoles, 16 de enero de 2019

Fragmento de mi novela El Engastador (Camino hacia las Avenidas del Poder)



LA MEMBRANA DE LA REALIDAD

Grande fue mi sorpresa cuando traspasamos el umbral. Ante mis ojos, en vez del entorno de la selva que habíamos recorrido horas atrás, antes de llegar a la chacra, se alzaba una pequeña comunidad, un pueblo cuyo nombre le venía muy apropiado por su aspecto.

― ¿Hemos atravesado otro portal? ―pregunté maravillada.

―Algo así. Esta vez me he valido de incidir sobre la estructura de la membrana de la realidad, afectándola con las energías de nuestros sitios de acople. Estas energías ejercen una impresión en la disposición de dicha membrana tal como si fuera una huella astral energética. A ojos de los videntes, mi niña, esta membrana tiene una consistencia hueca y espumosa, llena de túneles y puentes espacio-temporales. Mira ―me dijo desanudando el pañuelo que yo llevaba atado al cuello― al igual que el factor tiempo, imagina a esta membrana que se alarga en ambas direcciones ilimitadamente… pero si observamos bien, la misma poseerá dos extremos: un principio y un final ―dijo mostrándome los cabos del pañuelo ―. Sin embargo, si unimos ambas terminales en forma de O haciendo una estructura cíclica, la longitud de la membrana de la realidad se hará finita. En este punto de unión entre ambas puntas entonces surgirá un puente que nos permitirá acortar las distancias e ir del principio al fin en un abrir y cerrar de ojos. Eso es lo que he hecho. He abierto un túnel valiéndome de la huella energética de nuestros sitios de acople y de esta forma hemos acortado distancias en el tiempo que de otra manera necesitaríamos días o meses para recorrer.

―Es increíble ―dije sin apenas dar crédito a lo que veía.

―Todas nuestras trayectorias son posibles, pero no todas son igual de factibles. La membrana de la realidad cuando interactúa con la huella energética de nuestros sitios de acople es capaz de predecir no sólo la trayectoria que estamos recorriendo en ese instante, sino todas las posibles trayectorias que nunca seguimos. Esta información la recoge a modo de memoria activa en los anales ashura.

― ¿Qué es un anal ashura? ―pregunté con interés.

―Un anal ashura es donde la membrana de la realidad recoge la historia de los sucesos energéticos de acontecimientos pasados, presentes, futuros y probables. O sea, guarda en esa memoria activa todo el tráfico energético ocurrido en el pasado a través de su estructura, el que sucede en el presente, el que está por ocurrir y el que nunca ocurrirá ―dijo dándome la mano para ayudarme a atravesar un saliente rocoso―. Y ahora ven, quiero que conozcas a alguien que nos está esperando.  

sábado, 5 de enero de 2019

Fragmento de mi novela Hondulú (El Viaje Chamánico)


Hola, amigos. El colectivo de autores de Letraweb les desea un feliz año a todos sus lectores. 
Para empezar el 2019 les traigo un fragmento de mi nueva novela Hondulú (El Viaje Chamánico), perteneciente a la saga “Universos Alternativos”. Esta entrega es continuación de la obra anterior El Engastador (Camino hacia las Avenidas del Poder).


EL CANTO DE LA LECHUZA

La Xala de La Machi estaba situada en una elevación del terreno de altura moderada. Desde allí, podían observarse -en la lejanía- el resto de las Xalas. Al anochecer, todos los honduleños encendían una gran fogata al frente de las mismas, por lo que daba la sensación al contemplarlas, en la distancia, de presenciar un revuelo de luciérnagas gigantes de ojos prehistóricos o el descenso de las mismísimas estrellas a un cielo de tierra. 

Mientras Narowé daba de comer a sus espíritus, yo me senté en la tumbona de lana cruda a contemplar el paisaje. Era noche de Luna Llena, por lo que los horizontes de eventos o portales debían abrirse en un ciclo que se repetía cada doce horas y veinticinco minutos, tal como me había enseñado El Engastador. Ensimismada estaba en mis pensamientos, cuando una lechuza albina se posó sobre la rama desnuda del naranjo ubicado frente a la Xala. Comenzó a llamar con un sonido chirriante que, en la medida que transcurría el tiempo, empezaba a tener significado para mí. Era como si pudiera, de pronto, entender el lenguaje del ave. Me levanté y comencé a seguir su vuelo caminando a paso apresurado por el suelo de tierra apisonada. 

A la altura de un barranco en cuyo fondo corrían rápidos de agua con ánimo tormentoso, crucé al otro lado del río de aire sirviéndome del tronco de un árbol, ascendido a puente, que tenía forma plana y un metro de diámetro aproximadamente. La lechuza simulaba un comportamiento inteligente, pues cada vez que yo me retrasaba detenía su vuelo hasta que volvía a alcanzarla. 

Tras un rato de andadura, llegamos a un cementerio que aparentaba estar abandonado. Las hierbas parecían desquitarse del terreno que les habían usurpado los hombres reventando las losas de piedra grabadas con los nombres de los difuntos y tapándolas con sus excentricidades de crecimiento inmoderado. La lechuza voló y se posó sobre la cruz de una tumba concreta. La luz de la luna, lechosa y diáfana, iluminaba como si fuera un gran sol nocturno, por lo que podía ver en detalle el entorno que me rodeaba. El sepulcro carecía de especificidades en cuanto a nombre del fallecido y fecha de su muerte, sólo una foto antigua estaba empotrada en la laja. No di crédito a lo que veían mis ojos. Era el rostro del Soldado el que aparecía en el retrato. Caí arrodillada sobre la tumba sin entender aquello que veía. Apreté mi amuleto en un acto instintivo y sentí unos pasos detrás de mí hollando la alfombra de hojas y ramitas secas.

―Nada de luto Francesca… estoy aquí ―dijo una voz que reconocí como la del Soldado.
― ¿Sabías que esto es una broma de mal gusto? ―dije furiosa, dolida y a la vez satisfecha por volver a verlo.
―Lamento decirte que no es una broma, el cuerpo que yace en esa tumba es el mío ―dijo y tomó asiento en un saliente de piedra. 
―Y se puede saber, ¿cómo es posible entonces que estés frente a mí? ―cuestioné irónica.
―Has atravesado un horizonte de eventos gracias a que Chendray activó tu sitio de acople con su canto ―dijo señalando al ave.
― ¿Chendray? ¿La lechuza?
―Sí, Francesca. Seguramente te preguntarás cómo has podido comprenderla. Lo has logrado por la Activación por Imitación, esto es cuando una resonancia monótona -que presenta un código o secuencia de ritmo específico- alinea la frecuencia de su sonido con la vibración acústica de tu sitio de acople, activándolo.
― ¿Y cómo la lechuza pudo hacer eso? ¿Acaso está entrenada? ―pregunté estupefacta.
―Eso no es importante ahora. Quizá te lo cuente más adelante… sólo quería saber de ti, ver si estabas bien.

martes, 18 de diciembre de 2018

Fragmento de mi novela: "El Engastador"... (Camino hacia las Avenidas del Poder)



La chacra, bajo el efecto de las luces del amanecer, era en extremo acogedora. Las paredes de mi cuarto estaban revestidas por trozos rectangulares de rocas tornasoladas empotradas con figuras antropomórficas de obsidiana. Situadas, en las cuatro esquinas de la habitación, había unas cubetas de vidrio soplado, de dos centímetros de grosor y tono ámbar, que estaban rellenas con una tierra rica en minerales. En las mismas, había enterradas unas semillas que estallaban bajo el potencial impulso de imágenes mentales, dando a la luz un tallo que florecía durante el sueño. Según la fuerza o calidad del mismo, las plantas se erguían hasta una determinada altura. El Engastador las llamaba “yerbas oníricas”. Tal como me había explicado la noche anterior, antes de irme a dormir, si en la mañana había nacido alguna hoja amarilla, era señal que durante mi descanso había tenido lugar alguna pesadilla, por lo que debía divorciarse el ánima de la hoja del resto de la planta para evitar el contagio, en mi cuerpo emocional, de inquietudes o temores.

Cuando desperté, miré, instintivamente, en un repaso largo la salud de mis “yerbas oníricas”. Todas, erguidas a una altura de un metro aproximadamente, ostentaban unas hojas desmesuradamente verdes de un brillo impresionante, como si estuvieran lustradas con una capa de aceite muy fino.

Mientras desayunábamos le conté lo observado a El Engastador:

―Tu sueño pasó de largo, como agua infinita, escurriéndose por las piedras de las sombras sin detenerse. Debes saber que las piedras en el camino de la noche, son las pesadillas. Pero ellas no están para huir, sino para atravesar…
― ¿Para atravesar? ―pregunté confusa.
―Sí, mi niña, para atravesar la naturaleza de nuestros miedos y desasosiegos, conocerlos… develar sus misterios cuando aún son fértiles y pródigos como la buena tierra, y… una vez conocidos, entonces proceder a domarlos o conquistarlos ―dijo mientras servía en tazones de barro una leche de chiva, espesa y tibia.
― Pensé que las hojas amarillas eran una mala señal… ―murmuré sin comprender.
―Las señales, positivas o negativas, están para alertarnos. En nuestro caso, las hojas amarillas nos señalan la ubicación del mal para que podamos aislarlo de su raíz nutricia, hasta que el cuerpo anímico repose en el mismísimo corazón de su salud. La ausencia de estas hojas supone el trabajo de un sueño perfectamente vigoroso por la falta de miedo, o bien por un acto de camuflaje del mismo ―comentó al tiempo que untaba crema de maní sobre un pedazo de pan integral ―. Pero no te preocupes, lo que dictan en sus existires las “yerbas oníricas” es una señal fiel de nuestros merecimientos. Cada pesadilla viene originada por su miedo, pero cada miedo llega a nuestro cuerpo emocional detrás de su remedio.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Fragmento de mi novela: “El Engastador" (Camino hacia las Avenidas del Poder) …



Caminamos siguiendo el ritmo lento de mi paso por dos horas. El Engastador me hizo ascender por la ladera de una cumbre muy empinada que tenía matorrales intercalados con arbustos que daban unas flores muy raras: un botón en el centro, de color amarillo, rodeado de espinas en forma de sombrilla invertida que fungían como pétalos. Eran de un tono rojo vino. Al llegar a la cima, vimos un gran volcán que cubría buena parte del horizonte.

―Es el Volcán del Viento ―me dijo―. Sólo se activa cuando hay tormentas sin lluvia. Su lava es de color verde Nilo y es el asiento para que crezca una vegetación particularmente exótica.

Debió ver mi cara de asombro, porque dijo:

―Mi niña, este paisaje no pertenece a nuestro universo. Es propiedad exclusiva de una realidad alternativa. ¿Me prestas tu mano?

Aun con un poco de confusión se la extendí. Tomó una de las espinillas de las flores y me pinchó un dedo. Me eché para atrás sobresaltada dando un breve grito. Luego dejó gotear mi sangre sobre una piedra transparente de pequeño tamaño que fue adquiriendo el color rojo de mi fluido.

―Ten, a partir de ahora este es un poderoso amuleto que debes conservar. Tu flujo sanguíneo ha establecido un punto de afinidad con un objeto de este mundo. El ente constructor de la piedra alineará la materia inorgánica de la misma con tu materia orgánica cada vez que necesites atravesar una puerta para escapar de tu mundo cotidiano y llegar aquí. Algún día te desposarás con el viento en este sitio y obtendrás su poder. Tú, como mujer, estás diseñada físicamente para absorber por tu vientre las poderosas energías de los elementos. Sólo te aconsejo que las utilices con sabiduría o podrías enloquecer.
― ¿Qué es una realidad alternativa? ―pregunté confusa.
―Una realidad alternativa es otra realidad diferente a la ordinaria, a la de todos los días. Como ya te dije… existen puertas, portales invisibles que yo llamo horizontes de eventos que pueden llevarte de un universo a otro, de una realidad a otra. Cuando traspasas estos sitios ocurre la interacción de ondas energéticas de diferente fase o frecuencia, lo que crea una pauta de interferencia característica. Esta pauta de interferencia puedes notarla como un ligero mareo, visión borrosa o revoltura de estómago. En ocasiones, sólo es un zumbido agudo en los oídos. Cuando atraviesas de un lado a otro por un portal existe una fuerza repulsiva que impide que el cuerpo colapse completamente. El paso hacia otra realidad es instantáneo, no puedes medirlo por los patrones de tiempo acostumbrados… porque un mismo cuerpo no puede ocupar dos universos al unísono, pues por la acción de fuerzas contrapuestas colapsaría. Es como un salto, un cambio súbito del cuerpo que no podría producirse de forma clásica. Pero la naturaleza sabe su trabajo, nada es dejado de la mano. Existe lo que mis ancestros llamaron la Hipótesis de la Perturbación que es cuando el ambiente se encarga de corregir las variables fallidas o que han quedado fuera de rango. Entonces el Portal se cierra regenerándose continuamente en la medida que vuelve a prepararse para expandirse.