jueves, 23 de mayo de 2019

Mi Poemario: “Si no fuera de ti” (Descarga Gratuita hasta el 23 de junio)


https://drive.google.com/open?id=1E2AkMk1gBYcAsOY8_NMTcbHfdiwlnFh4
“Regalar es una costumbre hermosa, un acto de desprendimiento perfecto. No podemos dar lo que no poseemos, pero cuando lo que tenemos es fruto de ese proceso interno que constituye un acto de nuestra creación, se genera en el que recibe ese sentimiento de gozo que tenemos al descubrir lo semejante, ya que allí encontramos una prueba de cierta hermandad del mundo, de un lazo fraterno que se eleva perfilando aquello que realmente se necesita decir. 

Es por esta razón, que hoy pongo a disposición de los lectores de Letraweb, para su descarga gratuita, mi primer poemario del año 2008: “Si no fuera de ti”, cuyo prólogo viene de la mano de mi queridísimo amigo, compañero de letras y excelente escritor español: Víctor Morata Cortado. 

Estas líneas son el canto de mi corazón que es un río fluyendo hacia un instante fugaz o verdadero, ojalá sigan los mismos cauces de ilusión… y lleguen al tuyo.

martes, 21 de mayo de 2019

El que no va conmigo (poema)…


¿Estás, aunque nunca pueda?
J.E Cirlot


Por equipaje… la hoja de ruta de una promesa sin tiempo, ungida de rostro prohibido, inabarcable. Vástago de lejanía, de horizonte a punto de caer en el entreacto de la tarde. El afuera se hunde en el pliegue de una mirada ilegible que borronea secretamente la distancia. Una expresión en fuga que se queda, cuando todo se va.

Y mientras tanto voy.

El viento acarrea mis pisadas, las oprime, las boceta de un trazo -en línea recta- va nielando el trayecto con olores que gritan y murmullos de hojas secas. Pero luego las tuerce, les socava la forma, y en la ruptura de sus bordes muda los términos.

Se suspende la palabra –vacilante- en un resuello hosco, de silencio.


El camino es una evocación, nada certeza.
Seguirá siendo raíl para el tránsito de lo indefinible
aunque no sea opción para mi viaje
y no decida ir, ni volver.

Al que no va conmigo
lo pronuncio en voz alta, lo repito;
lo filtro gota a gota por la estría de algo,
que no vuelve.
Me lo cargo en la prisa del tropiezo,
y al andar se hace músculo,
carne,
hueso.

jueves, 16 de mayo de 2019

Campesinos...



Relato 5to. Finalista VI Certamen Internacional de 
Relato Breve “La Lectora Impaciente”, (Gandía, España) 2009


Habían llegado cuando el sol, echado sobre los largos surcos, hacía arder la tierra. Corrían como locos, persiguiéndose, estallando en sonoras carcajadas; parecían bisagras recién engrasadas cerrándose sobre sí mismos, como si la risa hiciera saltar algún resorte oculto que doblara el cuerpo en dos hasta dejar la cabeza a la altura de los tobillos. Tenían ojos grandes y húmedos, de esos donde sobra lugar para cargar la inmensidad sin que duela la vista; pupilas improvisadas, con pocas sumas de ayer, algo de hoy y mucho de futuro. La brisa que corría, suficiente para alborotar el polvo seco y rojizo de la tierra, no lograba, al parecer, apagar el calor de sus cuerpos; tal vez por eso, sudorosos y sedientos, se dejaron caer en la gran zanja alimentada por la vieja turbina. Allí chapotearon un buen rato, mientras, a lo lejos, cerca del mangal resguardado por las cercas de púas, el guajiro dejaba el tractor y cargaba los aperos de la jornada hacia la caseta de palos entretejidos y techo de guano. A esas alturas de septiembre, casi todo el campo había sido desyerbado, solo por algunos trechos se alzaban hierbas duras y vegetaciones ajenas al cultivo.
Era en esas horas cuando dejaban de ser ella y él para volverse ellos. Contenidos en aquella suerte de poceta, forcejeaban, manoteaban, escupían y hasta buceaban en el agua turbia, percudida de naturaleza, sin otra preocupación que existir-existirse y gritar, asombrados, como si sus voces fueran un privilegio que les dispensara algún demiurgo por primera vez. Lo mojado ennoblecía los callos de sus manos, los cueros curtidos y oscurecía las pecas de la espalda que él besaba y mordía. Por momentos, parecía urgirles una necesidad salvaje de olisquearse, lo que los volvía un poco serios, quizás menos ariscos; pero luego, al descubrir sus nuevas caras, sus bocas entreabiertas, sus cuerpos insurrectos, volvían a chapotear con una furia casi indecente. Era también en esas horas, cuando aparentaban la verdadera edad: parecían seres de plata, casi negros de su reacción habitual con la intemperie; pero luego, estando juntos, alguna especie de química los volvía a su estado primigenio, como si los frotara desde adentro brillándolos hermosamente. Lejos del patronazgo del fogón, de los aperos de labranza, de las responsabilidades heredadas, padecían de esa libertad casi enfermiza. Era el momento del desquite, de gozar el entorno que les era negado cuando hacían las labores, víctimas de la subsistencia.
Ahora corrían prácticamente desnudos en dirección al mangal. Ella, sin el desgreñe propio de su diurnalidad, peinada por el agua y atemperada de tierra; delatada por el lienzo de una blusa que, sucumbida ante la humedad, entreveraba la luz de sus pezones con el mal estampado de aquellas flores silvestres. Pleno de disfrute, él se dejaba llevar, rendido ante el goce de la carne indefensa, servil a su apetencia rústica; pero, al fin y al cabo, apetencia. Jadeantes, con los pelos pegados en la piel, aterrizaron en una sombra igual de agreste. Allí se acostaron de espaldas sobre las hojas secas, uno al lado del otro, con los brazos abiertos y las miradas perdidas, jugando a encontrar algún azul entre las ramas altas y sometidas por los frutos. Era fácil saciar las apetencias, bastaba con servirse de los mangos desperdigados por el suelo. A golpe de dientes arrancaban las cáscaras, las chupaban, roían; y luego, con grosero entusiasmo, comían la drupa carnosa que les chorreaba amarillo y les dejaba hilachas entre dientes. Ebrios de yodo, crecidos, se lamían resueltos; parecían gatos fregándose el pelaje, como si de repente solo importara estar límpidos.  

viernes, 10 de mayo de 2019

Poemario: "Garras de Sumisa" por Dessiré D’ Ángelo (descarga gratis)


https://drive.google.com/open?id=1S4DA6oCgErgfNvdnGFPzpKPyh8k4buxs

Hoy, pongo a disposición de ustedes para su descarga gratuita este poemario ilustrado firmado por: Dessiré D’ Ángelo. Durante muchos años, muchos me preguntaron por la identidad de aquella “desconocida” que compartía su poesía en mi red social: Miss Artes.

Hoy se devela el misterio, pues confieso ser la autora de estos singulares versos que fueron redactados sobre la base del lenguaje visual de cada imagen. Declaro también que durante todos estos años he escrito bajo diferentes pseudónimos tanto femeninos como masculinos. Con el tiempo, tal vez, devele la identidad de cada uno de ellos, como impronta para la posteridad. Mientras tanto, espero me disculpen por cualquier tipo de confusión y… me declaro culpable por mi árbol poético y escribir de las “SIETE” maneras que dicta “Dios”!


jueves, 9 de mayo de 2019

Fragmento de mi novela: Test 99...



Prisión de Cunhal 

Enrique Trento llegó a la prisión de Cunhal antes de lo previsto. Acompañado por un guardia de seguridad, atravesó por el único pasillo no vigilado por cámaras que colindaba con la parte posterior de la enfermería. Entre esos laberintos, sobre lo estrecho de las calles que comunicaban las construcciones múltiples y espaciadas, cortando el sentido habitual del pavimento gris, se dibujaban mándalas: setenta y dos en total, entretejidos como los hilos de una red. El blanco deslumbrante de las paredes le daba una apariencia fría a las instalaciones, un aire no habitual, como para encandilar la mirada entendida de quien se esforzara en sopesar cada línea buscándole el sentido propio y revelador. Entre la Hélice del Origen que era como un símbolo del flujo de energía y el Nudo Eterno más propio de un signo de la infinitud, se abría la puerta del Mandala de la Creación con el perpetuo círculo de la existencia. Mientras iba analizando mentalmente lo que se ofrecía a su mirada, trataba de poner cierto orden a las circunstancias que había dejado atrás desde su salida de la capital a las ocho de la mañana. Las agudas observaciones del caso estudiado lo habían impulsado por fin a responder con su presencia ante aquella llamada. Estaba claro que quien lo esperaba se había esforzado por darle al encuentro una marcada importancia.

Trento se quedó observando al hombre de un metro ochenta que estaba amarrado en la cama con tiras de cuero gastado. Respiraba con dificultad y sus ojos, de un azul intenso, parecían mirar al techo sin verlo. Procurando no hacer ruido, Trento acercó una silla a la cabecera.

—Hola Tudyk… me han dicho que quería verme. Mire… le he traído unas revistas de ingeniería inversa. Sé que le gustan —dijo de un modo amable mirando el delgado rostro de tez dorada.

Trento aguardó alguna reacción. El enfermo permaneció en silencio.

—¿Qué quiere de mí? Créame Tudyk… no tengo mucho tiempo.

Tudyk sacudió la cabeza como alejando algún mal pensamiento. Luego, como hipnotizado, se quedó mirando fijamente a su visitante. Trento miró dentro del abismo de sus ojos y lo recorrió un escalofrío.

—¿Cree en las casualidades doctor?
—No —respondió pensativamente —. Aunque, a decir verdad, existen la ocurrencia de accidentes, las reglas del azar y algún que otro suceso imprevisto.
—"Usted no ve, sus ojos son ciegos" —dijo en tono de compasión—. "No entiende las puertas que se abren".
—Leí su historial… ha tenido una brillante carrera científica.

Tudyk sonrió.

—Eso no tiene importancia. Escúcheme sólo cuando deje de oírme.
—No lo entiendo.
Hay sucesos que ponen en movimiento potencias, Sr. Trento. La arquitectura del futuro es muy compleja. Existe un orden, si éste se interrumpe queda resquebrajada la misma. 

Tu nombre (Poema de Horacio De Stefano)...


no sé ayer,
no sé…
quizá mañana nadie sepa quién sos
y hasta hoy mismo tal vez seas una fragancia distinta por el barrio,
distinta y desconocida…
pero hoy te huelo,
pero siempre supe que mañana nadie más que vos sabrá de mí,
ni el empedrado de mi calle vieja que duerme bajo el asfalto,
ni la bendita confesión de un sueño más arraigado que mi propia muerte
y aún más hondo su beso de sabor a sangre y…
no sé… tu boca llevará, mordiéndome en tu instinto, una palabra
que no explicará jamás cuánta belleza pude rozar al tocarte,
ni el color de las almendras,
ni el gusto del vino que se hizo trago en tu boca,
ni el silencio de las vías que llevan al sur sin rostros y me dieron el silencio,
ni este extraño especiero de suspiros atragantando las bocas de tormenta
de la ciudad que es abismo y madrugada…
nada explicará el secreto de la vida,
ni la simplicidad del tiempo entre las manos,
ni la pureza de una lágrima o de tu cuerpo mojado,
ni mi muerte,
pero siempre habrá un instante reconociendo al destino,
y "nadie sabrá quién sos", "ni para quién fue estos versos",
nadie más que vos y yo,
quizá nada más importa o quizá esté enloqueciendo…

…en una esquina me quedo respirando,
vivo por lo que crece en las manos
y por lo que hemos perdido…