sábado, 10 de noviembre de 2018

Sin ti (poema)...


Perdida,
sin ti,
desvelada en un lunes que comienza
cayendo por la sombra de la noche.

Tengo un amor que pasa
contemplándose los pies,
soplando por la línea ecuatorial de mi cintura,
haciendo bullicio de clavel
en un ataque de locura.

Estoy…
moliendo trigos de ilusión
allá en la rueda de la luna,
dibujándote un dolor que llega sin notarse
pero el alma lo nombra sin tiempo para tumba…
diciéndote quizás, 
tal vez 
o luego
como si fuera un siempre que se inmola
en nombre del corazón enamorado
que brilla como estrella de septiembre
en un cielo que no quiso ser nunca.

Estoy…
como pariéndome en tus ojos,
en fiera soledad,
como quien desaparece dejando tras de sí
un reguero de polvo,

sábado, 3 de noviembre de 2018

Quiero (poema)…



Quiero ser de ti y que se note
que me extasié en tu boca,
así…
como quien pasa,
por el hilo de savia de una espiga
o el sacerdocio del sol en la mirada.

Quiero desvestir la soledad
que me acompaña
con la ternura color cielo de tus besos,
y pagar –con monedas de octubre-
el alquiler mensual de tu sonrisa
para hospedarla
en los rincones vacíos de mi cuerpo.

Quiero nacerme de alas en tu pecho
y darte mi beso inculto,
mis “te quiero”,
apoyarme en el lado derecho de tu nombre
y arrodillar
-estas ganas que tengo-
en el deseo.

martes, 30 de octubre de 2018

Cuando vienes mío (poema)...


Tienes el soplo del invierno…
cuando me vienes mío a esta hechura -que es casa-,
siempre me dejas un poco de tu frío.
De esquinas inasibles está hecho tu cuerpo,
hombre de octubre en sol que yo he llamado enero.

Es verdad, no te niego
que me crecen espinas por la sangre
de un árbol de dolor que ha parido mi vientre,
pero tú te pareces al color de mi carne
cuando tu beso azul lo vuelas por mi frente.

Entonces las espinas se convierten en rosas
y los aguijones se descubren celestes
cuando te vuelves poeta como para endulzarme
con la miel de ese verso que no quiso ser miércoles.

lunes, 29 de octubre de 2018

El Ángel Perdido por Javier Sierra…


“Mientras trabaja en la restauración del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, Julia Álvarez recibe una noticia devastadora: su marido ha sido secuestrado en una región montañosa del noreste de Turquía. A partir de ese momento, Julia se verá envuelta sin quererlo en una ambiciosa carrera por controlar dos antiguas piedras que, al parecer, permiten el contacto con entidades sobrenaturales y por las que están interesados desde una misteriosa secta oriental hasta el presidente de los Estados Unidos”.

El Ángel Perdido es la tercera novela que leo del escritor español: Javier Sierra, y la segunda de sus obras a la que dedico un espacio en la sesión de Reseñas de este blog. Debo decir, que Sierra es un autor que nunca decepciona a sus lectores, pues cada trabajo que brota de su inspiración se convierte en un espectro de posibilidades inimaginables para la más febril imaginación. Aunque el autor ha planteado que siempre trata de ambientar sus obras sobre escenarios y trasfondos históricos reales, siempre deja una brecha abierta para indagar sobre el lado oculto de la historia, ese que nadie se atreve a desnudar, quizá por miedo a los convencionalismos, lo que hace que a veces los métodos de Sierra no sean demasiado ortodoxos. Y precisamente esto es lo que más aprecio de sus novelas: la transgresión de los límites en su búsqueda personal y literaria.

sábado, 27 de octubre de 2018

Desearte en abril (poema)...


Desearte en abril sin más propósitos 
que abrirme en flor azul para tu cielo,
colgar la soledad con esta blusa
que ya se gasta de tan puesta.

Prepararme la piel con el deseo
por si La Habana urge en tus ojos
y se hace rumbo de tu vuelo.
Bombear la sangre al corazón,
que se derrumba ya de solo.
Estrenar las rutas de la vida
en todo aquello que fue nuestro
y no deshacerme de nostalgia
cuando te me caes 
como ternura de las manos
o me creces raíces de ilusión 
por sobre el pecho.

Decir te extraño,
amor,
en cada nunca de los ojos,
del lado de los llantos
y de los siempre
o en el gesto humilde de las cosas.

Creer 
a modo de quien urde tu presencia
como la luz 
que yo he llamado dicha
y diáfana hermosura de mis huesos.

lunes, 22 de octubre de 2018

Prólogo a mi libro de poemas JACKZAZEL: “El que nació cien años antes de su nacimiento y siente pánico de la eternidad”. Introducción al primer canto.


Jackzazel es una conquista: la de los mundos inasibles y el ser por medio de la colonización del sueño.

Cuenta la leyenda que su madre era una maga y su padre un ángel que abrió el cielo en relámpagos para su divino despertar. Pertenece a una raza de gigantes ya extintos.
Su esposa, Shubrayhm, lleva el nombre de la Soledad. Las alas heredadas de su padre no le sirven en un cuerpo mortal, por eso se vale de su Sombra, un puma volador, para cabalgar por cielos infinitos. También se auxilia del planeta, que es su balsa, para conocer lo ignoto de otros mundos.
Su búsqueda suprema será Kaligracile, un estado de conciencia que tiene necesidad de manifestarse de una forma típicamente temporal. Para alcanzar Kaligracile deberá atravesar el desierto mítico de Sayhantai donde los éteres planetarios están muy concentrados y puede percibirse la agitación o movimiento de la esfera iluminadora (morada de los ya fallecidos).
Su maestro se llama Mí Mismo, el cual no está limitado ni por la forma ni por la acción… es puro estado de existencia. Él es tan raro como la flor del Udumbara que florece una vez en tres mil años.

Jackzazel es un canto para alcanzar un punto de elevación desde el cual se puede contemplar, a pesar de nuestra manifiesta insignificancia, el anchuroso horizonte que mella los límites de las imposibilidades del hombre, amplificando el ser un paso más allá de sí mismo. Es un caos, un maravilloso caos pincelado de matices filosóficos, dentro del cual pueden oírse los acordes de una inusitada música.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Canto I

Soy Jackzazel…
Nazco cien años antes de mi nacimiento para asombro del mundo.

Mi padre es un ángel que abrió el cielo en relámpagos
para que la lluvia de luces cegara los ojos de mi madre que nunca pudo verme.
Para Dios no habrá paz en mi existencia
y para los hombres mi canto sólo alimentará la hora de mi cumplida muerte.

sábado, 20 de octubre de 2018

Los Libres por Horacio De Stefano


Querida Jacky:

¿Cómo explicar quién sos?
¿Cómo y para qué explicarlo?
Cada palabra es una letra de tu nombre.

Con todo mi corazón
Horacio De Stefano



El día 8 de julio del 2015 me llegó a casa desde Buenos Aires, Argentina, un libro que tiene mucho de sagrado por el sentimiento que su existir implica. Escrito por el muso más significativo de mi quehacer poético en los últimos años, la novela, tiene ese olor de las almendras amargas que, según García Márquez, le recordaba siempre el destino de los amores contrariados (con finales felices).

Los Libres nos adentra en la historia de dos hermanas, gemelas, dualidad en estado de latencia… donde, a los ojos del mismo hombre, una de ellas sobresale en belleza. Lara y Laura… la primera, paloma libre de andar por los caminos del viento, flor de rara hermosura que lleva en su piel la marca de un dolor inclemente traído del pasado, batalla en el combate siempre guerreado del amor, digna en su demencia, capaz de hacer temblar al mundo con el taconeo divino de sus pasos; la segunda, pajarito tras los barrotes de la jaula que dice ser la vida, con las alas temblorosas al menor soplo de una brisa de invierno, incapaz de sostener el traqueteo del tren del amor que le cruza por las vías infinitas del pecho. Lara apuesta por vivir y al vivir es capaz de vislumbrar y de tener todo lo que la vida está dispuesta a darle. Laura, en cambio, no pierde nada de lo que creó… lo que pierde es lo más terrible que puede sucederse en los senderos fracasados: lo que no se conquista.