martes, 4 de agosto de 2020

Cuando ese corazón se apague no habrá razón para seguir existiendo...



Todo empezó con un gran terremoto que estremeció cada partícula de la superficie terrestre y las personas se asustaron y suplicaron al cielo, cada uno a su dios, clemencia y salvación. De los que no perecieron bajo los escollos de la civilización urdida con hormigón, acero y cristal, muchos salieron a las calles, la mayoría levantadas en sus cimientos y desquebrajadas, como invitando a bajar a los infiernos, anunciando el Apocalipsis sin remisión y dando posibilidades de renunciar al pecado y redimirse. Los falsos predicadores llenaron los rincones más inhóspitos del planeta. Los débiles de corazón se unieron a ellos con la esperanza de ver eludidas sus responsabilidades y obligaciones, de sentirse protegidos ante un ente líder que rigiera la comunidad creada. Los fuertes trataron de hacerse con el poder por este u otros medios más hostiles, utilizando armamento de alto calibre. En cualquier caso, tras aquel temblor, el mundo no fue igual y, durante el poco tiempo que duró la rebelión de las masas, surgió de las entrañas de los hombres un afán por la supremacía que debilitó las relaciones humanas en demasía.
No pasaron más de tres semanas hasta que otro gran seísmo pareció invadir la superficie y a sus más de seis mil millones de seres humanos. Sus vidas se vieron más en peligro aún que en el primer aviso, pero no recapacitaron acerca de los actos cometidos entre ambos cataclismos. No fueron más que el inicio. En este segundo movimiento de las capas tectónicas, la Tierra produjo un crujido intenso desde el corazón mismo y pareció que el mundo se desquebrajaba por todos lados. El que había obrado mal temía por su más allá y el que no, temía por su vida y la injusticia de verse morir habiendo sido un buen siervo del bien. No había distinción entre la generosidad y la avaricia, entre el odio y el amor. Todos fueron recluidos en un mismo saco, como fichas revueltas en una rifa o un bingo. Ahora faltaba la mano inocente que las fuera sacando una a una para determinar sus destinos.
Después de este segundo temblor, sucedió lo inimaginable. Sintieron una voz profunda que les hablaba en un idioma irreconocible que al tiempo resultaba familiar. Como un viejo amigo que trata de explicarte algo en un lenguaje extraño para ti. La voz, que oyeron todos los habitantes, estuviesen viviendo la noche o el día en cada uno de los extremos, resonó con dureza y les pesó sobre los hombros un sentimiento de culpa que no entendían. Sería el mismo Dios que les recriminaba todos los actos impuros cometidos a lo largo de la historia, sus crímenes y atentados contra el propio ser humano, sus hermanos, o contra la naturaleza… había tantas cosas por las que sentirse desgraciado y ruin. Pronto descubrirían que no era el altísimo el que bramaba desde la inmensidad de los cielos con la furia bíblica del Antiguo Testamento. Sin embargo, lo descubrirían justo antes de perecer.

viernes, 31 de julio de 2020

SOBRE TU NOMBRE


He regresado al mar ya tantas veces,
su sal,
su inmensidad sedienta,
sus horizontes,
me gastan de intemperie la piel al recordarte.

Si vieras la tristeza que me crece
rompiéndome por dentro,
no atormentarías con la distancia a esta ternura
que se refugia -dócil de alas-
en el altar de aquello que florece.

Amor,
algo persiste en los rituales que el tiempo
va sembrándome en la carne.

Sobre tu nombre,
corren las aguas más hondas de la vida
lloviéndose en mi sangre.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera
Del Libro: “Decir la noche”

sábado, 18 de julio de 2020

POR UNA VEZ (poema)...


Por una vez…
me haré de tu boca por la fuerza,
tensaré mi cuerpo como arco
y tú serás la flecha.

Por una vez…
aullaré como bruja en luna llena,
te morderé la sed, las ganas, el hambre
hasta ser ya de ti la vida entera.

Por una vez…
me haré locura, fiebre,
incendio entre tus manos,
te zurciré el cielo de amar
con el deseo de mi noche,

por una vez diré te quiero
sin que exiliemos la esperanza
y seré vuelo que estrena
en el altar de tu mirada.

Por una vez…
                      por una vez…


Martha Jacqueline Iglesias Herrera
Del Libro de Poemas: “Desnuda como Eva”

Poema ilustrado con la obra del pintor mexicano Omar Ortiz

jueves, 9 de julio de 2020

LOS OJOS DEL POETA...


He soñado tus ojos.

Ellos eran la raya sobre el tigre
donde la luna palidece,
la flecha en que el felino deshuesó la bravura
como si le doliera la pérdida del sol,
ellos eran legión,
el rocío donde asirme a la rosa
que desova el aroma que aviva en el recuerdo
su ruta de ilusión.

(Un brujo tiró migas de pan en mi ventana
y me mostró el camino de ensoñarlos.
Al descuido de sus curvas finísimas
han nacido las mieses de un instante).

Tus ojos iluminan el manto raído de la ausencia,
mis celdas interiores,
mis faros,
mis altillos,
son el Verbo goteando sobre el lirio,
los guardianes que velan mis íntimos secretos,
la mordedura que rompe del arcano, el hechizo,
el espejo donde se refleja lo cierto de esta vida
tus ojos son… poeta, la magia más divina.

domingo, 5 de julio de 2020

La Décima Clave por Antonia de J. Corrales

“Dios es el padre de la criptografía. Y la criptografía es más que una técnica para descifrar mensajes ocultos o para ocultarlos, es toda una disciplina con la que puedes llegar a lugares y sitios insospechados, aparentemente invisibles al ojo humano”.

Antonia de J. Corrales


“En los años cincuenta, los estudios que realizó el profesor Schumann constataban que existe un efecto de resonancia en la tierra, el aire y la ionosfera, cuyas ondas vibran en la misma frecuencia que las ondas cerebrales de los seres humanos y de todos los mamíferos.
Las «ondas transversal-magnéticas», llamadas ondas Schumann en honor a su descubridor, son fundamentales para la vida, y cuando faltan producen graves problemas de salud.
En la actualidad, existe un proyecto relativo a ellas tan controvertido como peligroso. Sus defensores aducen un sinfín de ventajas de carácter científico, geofísico y militar, pero sus detractores están convencidos de que podría tener consecuencias catastróficas para nuestro planeta, desde arriesgadas modificaciones en la ionosfera hasta la manipulación de la mente humana”.


Con este fragmento sumamente inquietante comienza, como nota de la autora, esta extraordinaria novela que tiene como telón de fondo el proyecto tecnológico HAARP (High Frequency Advanced Auroral Research Project), que como muchos conocerán es un programa financiado por la Fuerza Aérea y la Marina de los Estados Unidos, la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) y la Universidad de Alaska.

Según la versión oficial su objetivo ha sido estudiar la ionosfera a fin de desarrollar y mejorar la tecnología que utiliza sus propiedades para transmitir radiocomunicaciones y su uso en los sistemas de vigilancia estratégica, como, por ejemplo, los sistemas de detección de misiles.

viernes, 3 de julio de 2020

AMORES QUE NUNCA MUEREN


Hay amores que guardan una dulzura dolorosa.
Uno puede pensar que se han ido,
que han muerto para siempre,
que la vida urdió todo y nada hasta desencontrarlos,
y tememos nombrarlos para que no se desangren.

Porque el recuerdo es peligroso… un arma intensa,
en ocasiones, más temible que el olvido.

Se piensan apuntalados sobre los restos del pasado,
propensos a la arquitectura del derrumbe,
desterrados a las entrañas de la tierra,
mudos, maniatados, con los ojos vencidos,
debatiéndose en los entresijos del fin inevitable
en medio de un antes y un después irrepetible.

Pero los grandes amores no acaban nunca,
sus historias no se deshacen, ni se borran.
Pudiera parecer que mueren… pero renacen.
Aunque uno alguna vez tema nombrarlos
y guarden para siempre esa dulzura dolorosa.