viernes, 11 de noviembre de 2016

Zinaida Serebriakova: La primera pintora rusa de distinción...

Zinaida Evgenievna Lanceray nació en 1884 en Neskuchnoye, cerca de Jarkov (entonces Rusia, hoy Ucrania) en la aristocrática familia de los Lanceray-Benois, que contaba ya con varios artistas.
Su privilegiada posición en la Rusia zarista permitió a Zinaida estudiar en Italia y Francia. En 1905, se casó con su primo Boris Serebriakov, adquiriendo el apellido Serebriakova.
Pertenecía a la artística familia de Benois. Su abuelo, Nicholas Benois, fue un famoso arquitecto, presidente de la Sociedad de Arquitectos y miembro de la Academia Rusa de Ciencias. Su tío, Alexandre Benois, fue un famoso pintor, fundador del grupo de arte Mir Iskusstva. Su padre, Yevgeny Nikolavevich Lancerav, fue un conocido escultor y su madre, que era la hermana de Alexandre Benois, tenía predilección para el dibujo.
Nos presenta en su trabajo una serie de cuadros sobre la belleza de la mujer en los tiempos de la Unión Soviética. Con ello trata de demostrar su amor al arte y a su país, situándola como una de las mejores pintoras de Rusia.

La característica principal del trabajo pictográfico de Serebriakova es el calor y la emoción que imprime a su pincelada,  haciendo de ello un arte expresionista. Algunos conocedores sobre la vida de la pintora mencionan que ella misma participaba como modelo de sus cuadros, historia que da a su trabajo un halo de misterio.
Zinaida se dedicaba a la pintura de temas campesinos, pero la Revolución de Octubre de 1917 cambió radicalmente su vida. En 1919 su esposo Boris murió de tifus, contraído, al parecer, durante una estancia en la cárcel. Ella quedó como responsable de sus cuatro hijos y su madre enferma y en difícil situación económica.

Tuvo que renunciar al óleo en favor de las técnicas menos costosas como el carbón y el lápiz. En esta época difícil hizo sus obras más trágicas, como La casa de los naipes, donde aparecen sus cuatro hijos huérfanos.


Se negó a cambiar su estilo por el característico de la época soviética, pero le dieron un trabajo en el Museo Arqueológico de Jarkov, que consistía en dibujar a lápiz los objetos expuestos.
En 1924 Serebriakova recibió el encargo de hacer un gran panel decorativo, para lo que se trasladó a París, dejando en San Petersburgo a sus hijos y a su madre. Decidió no regresar a Rusia. Algún tiempo después se las arregló para que permitieran a su hijo Sasha y a su hija Katya cruzar la frontera, en 1926 y 1928 respectivamente, y reunirse con ella, pero los otros dos, Zhenya y Tanya, tuvieron que quedarse con su abuela en Rusia.

No fue hasta el deshielo de Jruschov que el gobierno soviético le permitió reanudar el contacto con su familia en la Unión Soviética. En 1960, después de 36 años de separación forzada, se permitió a su hija mayor visitarla.
Las obras de Zinaida Serebriakova se expusieron finalmente en la Unión Soviética en 1966, en Moscú, Leningrado y Kiev, con gran éxito. Sus libros se vendieron por millones y se la comparó con Botticelli y Renoir.
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