miércoles, 2 de septiembre de 2015

Esteban Fernández: Me habla el tiempo…



LUZ DE LUNA

Pensado por el oficio de tus manos… vuelo lejos.

En ti me duermo mujer…
luz de luna, faro que arde, patria del pecho incendiándome el latido.
Tiembla la tierra cuando te anuncias regresándome, paloma mía.
Tu vuelo traza la ruta de mi nido y en tu aleteo me quedo…
¿Por qué llorar corazón?

El dulce labio del destino me arrulla con confesiones que solo piden tu oído.
Bruja amante, miel del campo, mujer del barro…
vestida de mil distancias beso tu huella en el viento y me seduce tu aroma,
magia del sueño donde te guardo en silencio como un pedazo de noche…
vela de la soledad…
candil que alumbra el secreto del pulso de este misterio
que me late a pecho abierto, niña mía.

Soy esto… la declarada sensación del crudo invierno del pobre,
el grito de rebelión que se me hizo pueblo en las manos…
tu bandera, mis instintos, nuestra herencia.

Nombras al mundo en mi nombre
y alguien lanza una plegaria hacia un dios desconocido.
Restos de fe…
Toco la orilla del miedo y no sé, no sé qué he sido…
si en tus ojos me deshago de la suerte de no ser…
cuando me lleva tu cuerpo por esos rumbos sin señas
que es la sangre de los míos.

Me habla el tiempo… y en ti me duermo mujer.



 
  Aanroo

Todo retrocedió hasta nunca.
Los siete espíritus ordenan las palabras de Job
en el canto de las cien mil estrellas.
Y a veces se hace lejos para el rayo de Sirio.


Tu reino fue fundado sobre la tierra negra donde un fulgor sustrajo la sal de su simiente. Así, como el presagio labra el Cuerno de Amatea entre las ceremonias de la ley.
Ellos marcharon ya… confundidos con la bruma de las primeras aguas; rocío de miel en la rama de muérdago para resucitar a la bondad decapitada en los altos corredores de la penitencia. Una batalla a muerte que desperdicia el oro de todo lo inasible para encarnar la sílaba que incuba el aliento de los antecesores.
Tu raza convocó las campanadas de un instante para asistir a los desamparados; tiempo de eclipse donde un tajo de gloria ha de exhibir la lumbre de unos costados devorados por tigres entre los signos de las bendiciones.
Se levantan los sellos… mientras ensayas el dialecto de algún posible desarraigo y una corona de intemperie en las investiduras de la noche, desnuda el rastro de lo que se desvanece en la lengua de los elegidos; como runa de un eco en el conjuro del regreso a la patria de hacer revoluciones.



Sobre el autor: Yo soy un sueño, un imposible, vano fantasma de niebla y luz… soy incorpóreo… soy intangible…

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