viernes, 30 de junio de 2017

¿Cómo conservar la luz de los días perdidos? de Bob Shaw


Imagínate por un momento, que vives en un departamento de ciudad, encajonado entre las altas paredes de otros edificios, sin una bella vista que admirar, o que eres un marinero a bordo de un sumergible, o un minero perdido en las entrañas de la tierra, o alguien que ha perdido a un ser querido. ¿Cuánto dieras por volver el tiempo atrás, por detenerlo tan siquiera un instante en un momento específico? Como bien dice la frase: “Recordar es volver a vivir”.

¿No sería maravilloso guardarte y ver algo de lo bueno de tu pasado?


Pues esto es posible. Basta con adquirir un pedazo de cristal lento en fase y con un mínimo de años de espesor, para hacer real este deseo. ¿En qué radica el misterio? En el elemental retraso de tiempo que se produce cuando nuestros sentidos captan la realidad. Así es como los cristales lentos, con sed de imágenes, son capaces de devolvernos algo de la existencia perdida: los primeros destellos del alba, las últimas luces del atardecer, las aves migratorias surcando el cielo, los animales bebiendo en el remanso… todo en constante movimiento, hasta que la belleza encerrada en el cristal al fin se agote. 
¿Quiénes son testigos de este hecho? Los esposos Garland, una pareja que vive en Londres, y que viaja al país del cristal lento durante las vacaciones en un desesperado intento por salvar algo de ese matrimonio inmerso en serios conflictos emocionales ante la inesperada llegada de un hijo. Quiere el azar o el destino, que vayan a parar en casa de J.R Hagan, un vendedor de cristal lento de excelente calidad, cuyo triste pasado, destapado torpemente por los Garland, hará que se desvanezcan sus inconveniencias afectivas y salgan de allí agradeciéndole a la vida el hecho de tenerse el uno al otro.

Según algunos científicos, el proyecto del Cristal Lento, podría hacerse una realidad objetiva en unos cuantos años. Si quieres leer un estupendo relato, te recomiendo: “Luz de otros días perdidos” de Bob Shaw, (nació en Irlanda en 1931). Sin duda, una excelente travesía, donde la luz y el vidrio en estratégica alianza, juegan un rol primordial en rescate del pasado. 

Martha Jacqueline Iglesias Herrera