lunes, 18 de diciembre de 2017

Casa de Geishas de Ana María Shua


Llamados en inglés “short shorts”, “sudden fiction”, “microfictions” y “blasters”, los mini-cuentos o hiperbreves han cobrado un gran auge en los últimos años. Varían en tendencias y estilos, caracterizándose por la economía del lenguaje, hibridación con otros géneros (mitos, aforismos, alegorías, parábolas, proverbios, etc.), juegos de palabras e incluso, diferentes formas de humor. Teniendo en cuenta su extensión, algunos críticos consideran hiperbreves a textos menores de 200 palabras, mientras que otros defienden el límite de las mil.


Luis Brito, narrador, ensayista y dramaturgo venezolano en su extenso MAXIMANUAL DEL MINICUENTO apunta:

- Salvo la vida, todo debería ser breve.
- Vivimos solo el instante: la palabra que lo llena repleta la existencia.
- Avanzamos desde Augusto Monterroso que construye en 7 palabras un dinosaurio
infinito, hasta la escritura que resume su autobiografía en una palabra, pasando por
Forrest Ackerman que sintetiza la historia de toda la civilización en un signo, hasta Dios
que comprendía la creación en un verbo.
- El autor o el olvido aligeran la obra maestra hasta dejar de ella solo la frase perdurable.


Pero bien, quiero ilustrar este género con una autora que ha ganado un lugar prestigioso entre sus contemporáneos, la escritora argentina Ana María Shua. Su libro de hiperbreves: Casa de Geishas, es una forma ingeniosa de combinar fantasía y realidad, sobre la base de un humor picante y un lenguaje puntual. Aquí la autora logra atrapar a sus lectores con sutiles actos de seducción. Como diría Buchanan en su ensayo: “los servicios ofrecidos en el burdel de Shua es amplio y se puede combinar en un número infinito de variaciones que satisfará a sus clientes durante toda la vida”.

Fragmentos del libro. Algunos hiperbreves:

EL RECLUTAMIENTO.

Ahora la madama busca a las mujeres que faltan y que ya no son cualquiera sino únicamente las que encajan en los espacios que las otras delimitan, y a esta altura ya es posible distinguir qué tipo de burdel se está gestando y hasta qué tipo de clientela podría atraer. Como un libro de cuentos o de poemas, a veces incluso una novela.

IMITACIÓN.

Burdel de pueblo que imita famoso burdel de la capital que imita burdeles de Nueva Orleáns que imitan la idea que los americanos tienen de los burdeles de París. Burdel de pueblo, copia lejana: balcones de terciopelo rojo, mujeres de hierro forjado.

LA QUE NO ESTÁ.

Ninguna tiene tanto éxito como la que no está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan conformándose con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a la que no está.

Y si bien el género cuenta ya con muchos seguidores tampoco faltan en su hoja de vida quienes se resisten a aceptarlo, al sentir que al leerlos falta por decir.
Mientras tanto, el cuento, como diría Borges, sigue siendo el tigre de la fauna literaria.

Sobre la autora: Ana María Shua (Buenos Aires, 22 de abril de 1951) es una escritora argentina. Su verdadero nombre es Ana María Schoua.
Estudió en la Universidad de Buenos Aires, donde recibió una Maestría en Artes y Literatura. Se ha desarrollado profesionalmente en literatura, periodismo, publicidad y cine.
Ha publicado más de una veintena de libros, recibiendo numerosos premios y distinciones. Entre otros diarios y revistas de Argentina, ha colaborado en La Nación, Clarín, Página/12, Mujer, Gente, Página/30 y Noticias.
En 1976, con el advenimiento de la dictadura militar en su país, debió exiliarse a Francia, hasta la finalización de ese periodo, en 1983. A partir de entonces, comenzó a editar su obra, si bien su primer trabajo publicado fue El sol y yo, un volumen de poesía que vio la luz en 1967, cuando Shua tenía 16 años.
Su primera novela fue Soy paciente (1980), primer premio del Concurso Internacional de Narrativa. Otras novelas destacadas son Los amores de Laurita (1984), El libro de los recuerdos (1994) y La muerte como efecto secundario (1997).
Entre sus libros de cuentos para adultos están Los días de pesca (1981), Viajando se conoce gente (1988), Casa de geishas (1992), Botánica del caos (2000) e Historias verdaderas (2005).
Especial mención merecen sus obras de literatura infantil, entre ellas, La sueñera (1984), La batalla entre los elefantes y los cocodrilos (1988), Expedición al Amazonas (1988), La fábrica del terror (1991), La puerta para salir del mundo (1992), Cuentos judíos con fantasmas y demonios (1994), Miedo en el sur, El tigre gente y otros cuentos (1994), Ani salva a la perra Laika (1996), Historia de un cuento (1998), La fábrica del terror II (1998), Las cosas que odio y otras exageraciones (1998), Cuentos con magia (1999), Cuentos con magia II (1999), El valiente y la bella (1999), La luz mala (2000) y Caracol presta su casa (2002).

Algunos de sus escritos han sido llevados al cine. Es el caso de Los amores de Laurita, Soy paciente y Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar, este último galardonado con el Premio Argentores, de Argentina, y el Premio Panambí, de Paraguay.