jueves, 1 de septiembre de 2016

Conversación con Juan Ramón Biedma.




Por Martha Jacqueline Iglesias Herrera

 Damos la bienvenida en Letraweb a otro escritor español cuya obra yo admiro mucho. Hablo, como ya deben suponer por el título introductorio, de Juan Ramón Biedma. Sobre este autor podemos decir que nació en Sevilla, estudió Derecho, y se dedicó durante años a la gestión de emergencias, actividad que ha compartido con la de locutor de radio, guionista y crítico cinematográfico, así como con la colaboración en diversas publicaciones y antologías -La lista negra, Libertad Condicionada y otros relatos, Guernika variaciones, La Biblia- El libro, Aquelarre…
El manuscrito de Dios (Ediciones B), Mención Especial del Jurado en el II Premio de Novela fallado por la Semana Negra de Gijón del 2004 y finalista del Memorial Silverio Cañada, supone su debut en el campo de la novela, iniciando una trayectoria que se vería continuada con El espejo del monstruo (Ediciones B) -lectura obligatoria en la facultad de medicina de México- y El imán y la brújula (Ediciones B), premios Hammett, NOVELPOL y Crucedecables a la mejor novela policiaca del 2007. Sus siguientes trabajos fueron El efecto Transilvania (Roca Editorial) y la novela gráfica Riven. La ciudad observatorio (Ediciones B). En junio del 2010 publica El humo en la botella (Salto de Página) nominada al premio Hammett y merecedora del Premio Especial de la Dirección de la Semana Negra 2010, premio NOVELPOL y considerada por la Gangsterera como la mejor novela del 2010. En febrero del 2011, aparece Antirresurrección (Ediciones Dolmen) Nominada al NOVELPOL 2012 y al premio CELSIUS a la mejor novela fantástica del año.

2015 es el año de Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado, obra galardonada con el Premio Valencia de Novela Negra convocado por la Diputación de Valencia y con el Premio al mejor villano de novela concedido por las jornadas literarias J.A.R. En febrero de 2016 publica su nueva novela en la colección de narrativa de Editorial Versátil: La lluvia en la Mazmorra.

Sus obras, continuamente reeditadas, citadas y seguidas por un numerosísimo grupo de lectores incondicionales, han sido traducidas hasta ahora al portugués, griego, alemán, ruso y turco.

JK: La obra “El Manuscrito de Dios”, supuso tu debut en el campo de la novela. ¿Qué significó para Juan Ramón Biedma haber obtenido Mención Especial del jurado en el II Premio de Novela fallado por la Semana Negra de Gijón en el 2004?

Aquello fue un punto de inflexión absolutamente crucial; no sólo me permitió ingresar en el circuito profesional de la escritura, fue la revalidación de que no había apostado los esfuerzos de toda una vida a una estúpida opción sin sentido.

JK: En tu prosa la imaginación ilumina intensamente la realidad descubriendo algunas de sus más ricas posibilidades. ¿Cómo haces para lograr trasmitir la angustia existencial de esos personajes que buscan con avidez su propio centro ante la densidad de algunos entornos que les resultan asfixiantes?

Precisamente esa es la función de los tenebrosos contextos en los que sitúo a los personajes de mis historias: forzarlos a encaminarse hacia el conflicto y, un vez allí, seguir empujándolos hasta sus últimas consecuencias. Un método traumático pero efectivo para descubrir qué es lo que nos ocultan.

JK: Decía Octavio Paz: “No hay nadie arriba, ni abajo; no hay nadie detrás de la puerta, ni en el cuarto vecino, ni fuera de la casa. El agua del tiempo escurre lentamente en esta oquedad agrietada, cueva donde se pudren todas las palabras ateridas. ¿A quién invocarías en horas como estas?

Nos queda Dios, que es la más inverosímil de las invenciones.

JK: En tus novelas hay escenas brutales en las que persiste una distancia irónica, pero también hay un involucramiento autoral hasta la propia médula. ¿Qué es lo que más te atrae de estos mundos de socavamiento y enajenación en tus propuestas estéticas?

Es inevitable interiorizar los papeles que desarrollamos, escribir tiene mucho de interpretar según el método Stanislavski. Esto da intensidad a nuestra vida pero también nos obliga a compartir lo peor de lo peor.

JK: ¿Te considerarías un facilitador de la comunicación emocional entre la gente? ¿Una especie de elegido de la espiritualidad?

Sí, creo que soy un elegido para facilitar la comunicación emocional, espiritual y sexual entre la gente; no lo había pensado, pero probablemente ese sea mi destino.


JK: En tus novelas utilizas abiertas licencias expresivas que hacen burla del grosero orden común. ¿Qué ideales y valores te gustaría resaltar a partir de esos mundos duros y adversos que describes?

Lo expresas perfectamente en la exposición de tu pregunta: la normativa por la que hemos articulado el sistema de convivencia es tan injusta, tosca y despreciable que merece la pena erosionarla por cualquier método, sobre todo a través de la ficción, que es el más útil.

JK: André Breton dijo: “Vivir y dejar vivir son las soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte”. ¿Qué opinión te merece tal reflexión?

A Breton le respondería que precisamente lo imaginario es lo único que verdaderamente existe; lo de cada, día, lo de más acá, es el material con el que construimos la mentira, o sea lo importante.

JK: La gente, los pueblos, tienden a sublimar como salvador a todo aquel que piense por ellos, que les imponga un discurso de redención más o menos convincente. ¿Crees que en tus obras pueda explicarse su historia como un proceso por ellas protagonizado? 

No, en mis novelas aparece, en todo caso, la contrahistoria de esos pueblos y me temo que pocos se reconocen en ella, por mucho que uno de los propósitos de la narración sea denunciar sus infamias.

JK: En tu trayectoria como escritor: ¿qué crees haber ganado? ¿qué crees haber perdido?

En los últimos años espero haber ganado rigor y riqueza en mi prosa y mis argumentos y haber perdido muchos de los clichés adquiridos en tantos años de lectura a autores mediocres.

JK: En tus obras parece como si asistiéramos al nacimiento de todo, como si el cosmos múltiple sólo pudiera ser interpretado o asumido desde esa luz originaria. ¿Cuál es el misterio de tu creación?

Supongo que se debe a que concibo cada una de mis novelas como si fuera mi obra definitiva, lo más alta cumbre de mi carrera. Después sale lo que sale, pero esa es una cuestión ajena y secundaria.

JK: ¿Crees que la idea del mundo como un texto en movimiento desemboca en la desaparición del autor?

No es concebible la desaparición del concepto de autor; sólo en casos muy excepcionales puede tener cabida la idea de la autoría colectiva y la práctica nos ha demostrado que a menudo con pobres resultados. Incluso las religiones politeístas sucumbieron ante las que inventaron su leyenda alrededor de un solo dios. La creación tiene, por definición, un origen individual.

JK: Planes futuros de Juan Ramón Biedma.

Mis planes siempre tienen el nombre de mi próxima novela, en este caso un durísimo policíaco en el que intento mostrar que España y Latinoamérica constituyen un solo escenario criminal.


JK: Esta pregunta no puede faltar en mis entrevistas. Si tuvieras que definir un sueño, ¿qué nombre le pondrías?

Sereno final de la carnicería.
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