lunes, 11 de diciembre de 2017

Conversación con Octavio Fernández Zotes

Por Martha Jacqueline Iglesias Herrera
 
Hoy tengo el placer de entrevistar en Letraweb a un queridísimo amigo que compartió durante mucho tiempo sus creaciones poéticas en este blog. Un hombre de una sensibilidad muy especial, un poeta cabal. Le damos la Bienvenida y espero que los lectores del blog disfruten de esta entrevista exclusiva.
Octavio Fernández Zotes nació en Cabañeros, pequeña pedanía del municipio de Laguna de Negrillos (León, España) en Enero de 1935.
Hizo sus estudios primarios y secundarios en Astorga y León.
Se licenció en Medicina en Valladolid. Durante sus años de universitario asistió y participó en cuantos acontecimientos culturales o literarios le permitieron sus estudios. Colaboró y fue director de la revista universitaria "Ambiente", y en ella publicó algunos artículos, narraciones y poemas.

Como pediatra, ejerció durante 37 años en Galdakao (Vizcaya. España).
Finalizado este ciclo profesional se preguntó si habría vida después de la medicina y se dijo ¿Por qué no en la poesía? Desempolvó las viejas carpetas que yacían en el último cajón de su despacho y retomó los escritos.
Fruto de ello son los poemarios:
“En las zarzas del camino” Editorial Erroteta 2005.
“Memorial inacabado” Ediciones Hontanar  2006.
“Anónimo viajero” Ediciones Hontanar 2009.
“La inquietud de los árboles del límite”. Ilustraciones poéticas para las fotografías de José Domingo Gutiérrez. León 2012.
“Hemos llegado tarde y Dios se ha ido” Ediciones Lobo sapiens. León 2012.
 “Por si acaso la luz…” Editorial Eolas 2015.

Está próximo a aparecer en la misma Editorial Eolas el poemario “Ácida bruma”.
El libro conjunto “Poetas de transición” Ediciones Hontanar  2006.

Ha participado en dos Antología hispano chilenas:
“Arpegios poéticos” Santiago de Chile 2008 y
“Crisol poético” Santiago de Chile 2009.
Participó con varios relatos en el libro de VV.AA “Tiempo de Recreo”
Editorial El Recreo  Barcelona 2007.
Está en vías de edición un último libro “Por si acaso la luz…”
De él ha dicho la crítica: “Si tuviésemos que colocar algún marbete a sus versos, hablaríamos de poesía existencial centrada en las angustias del yo”.

JK: Octavio, te licenciaste en Medicina en Valladolid y en pediatría en Bilbao. ¿Por qué tras treinta y siete años de ejercicio profesional buscas el camino de la poesía?
Yo ya estaba en ese camino, es verdad que de manera pasiva. Si bien comencé muy tarde a escribir, soy un lector precoz de poesía y a ella acudía cuando el trabajo me lo hacía posible o cuando las flemas del alma se acumulaban y era preciso echarlas fuera. Cuando mi atención a los demás me dejaba un rato libre para ocuparme de mí mismo. Al jubilarme me quedó todo el tiempo libre para adentrarme en el terreno de la creatividad e intentar mis propios recursos poéticos.
JK: Si tuvieras que definir la poesía en un concepto, ¿cómo lo harías?
No lo podría hacer. Sería pretencioso por mi parte conseguir lo que nadie ha conseguido. Definir la poesía es como intentar meter un océano en un vaso de agua. La poesía es una patria de libertad de inimaginables límites. Cada escritor suele fabricarse una POÉTICA que luego nunca cumple.
Por aproximación y siguiendo a la filósofa española María Zambrano, podría decir que la poesía es el mejor “camino para un saber sobre el alma”.
JK: Decía Juarroz que en un poema hay que sugerir las palabras, hacerlas sospechar. Cuando uno hace que las cosas estén presentes por su ausencia, es cundo las cosas están. ¿Qué opinión te merece esta reflexión?
Estoy completamente de acuerdo; para mí la poesía es CREAR algo donde no había nada, un mundo misterioso del que se dan pistas, sugerencias, insinuaciones, pero nunca descripciones. Si describes, lo que estás haciendo es narrativa cerrada. Un poema nunca debe estar cerrado y debe dejar huecos para que sea el lector el que los rellene.
Como decía Vicente Huidobro: “poetas, no cantéis a la rosa, dejad que ella sola florezca en el poema”.
JK: ¿Cuáles son tus poetas imprescindibles, de obligada lectura?
Sería pretencioso por mi parte presumir que conozco a todos los poetas para poder elegir entre ellos. Como casi todos los españoles de mi época Bécquer y Antonio Machado fueron nuestros introductores. Yo sentí pronto que Jorge Manrique y, sobre todo, San Juan de la Cruz me subyugaban.
La lista posterior sería infinita: Juan Ramón Jiménez, García Lorca, Luis Cernuda, incluso alguno de los denominados “poetas sociales” como Blas de Otero. Pero sobre todos y ante todos, César Vallejo. En la actualidad me parece imprescindible una poeta belga-española: Chantal Maillard.
JK: ¿Llevas algún tipo de ritual a la hora de escribir?
Durante un tiempo procuraba dedicarle un tiempo fijo a intentar escribir, aunque sólo fuese como entrenamiento. Eso que los pianistas llamarían “hacer dedos”. Esperar, como Picasso, a que si la inspiración llega te pille trabajando. Ahora no, escribo solamente cuando la necesidad se me hace urgente, cuando, aunque quisiese, no podría hacer otra cosa.  Eso sí, necesito soledad, tranquilidad y silencio. (“«La poesía nace de la emoción recordada en tranquilidad” William Wordsworth).
JK: La poesía se presenta como una pura experiencia de la palabra. ¿Cuáles son las condiciones en que esa experiencia merece ser llamada poética?
Yo creo que la poesía es algo más que las palabras, pero dado que para expresarla se ha de recurrir a ellas, aparte de otras muchas cosas, creo que una de las condiciones indispensables es la musicalidad, la cadencia, la complicidad que deben establecer entre ellas. Sin olvidarnos nunca de los silencios. Luego está el contenido, pero ese es otro tema.
JK: En el fondo de toda filosofía hay un afán de comprender, un afán de coherencia, aunque puedan existir formas del pensamiento filosófico que en último término desembocan en lo inefable ¿Por qué crees que la poesía implica un reconocimiento de lo absurdo?
Yo creo que ambas buscan verdades: la verdad filosófica y la verdad poética. La primera va a lo concreto mientras que la poética admite perfectamente otro tipo de verdad que es la verdad fantástica.
Para mí la poesía es introspección, búsqueda, pregunta, casi nunca respuesta concreta  a nada. Apenas algún desvelamiento. Es una manera continuada de tomar el pulso a la vida y demostrarnos a nosotros mismos que seguimos vibrando con ella, que seguimos activos, que no nos dejamos arrastrar como seres muertos.
JK: La poesía crea, no soluciones, no fórmulas, no recetas fáciles para la vida. ¿Qué tuvieras que decir al respecto?
Tal vez me repita, pero creo que la poesía es algo más que palabras escritas en renglones cortos, que está en el fondo de toda búsqueda: científica, filosófica…La ciencia, la filosofía, buscan soluciones, la poesía intuye y sugiere caminos. No obstante, el poeta español Antonio Gamoneda (premio Cervantes 2006) afirma categórico que la poesía está más cerca de la filosofía que de la literatura. No me atrevo a opinar al respecto.
JK: De todos los libros que has escrito ¿cuál es el preferido y por qué?
La mejor prueba del fracaso del fracaso del escritor es que necesita seguir escribiendo e intentar mejorar lo ya escrito. Si no fuese porque tengo 82 años y probablemente no me quede tiempo, diría que mi preferido es el que aún no he escrito. De lo ya hecho, salvaría alguno (no diré cuál), pero eso sí, arrancándole un montón de páginas.
JK: Si precisaras en unos versos darle un mensaje al mundo ¿cuál sería?
Lo diré en un poema que más que mensaje es advertencia de lo que no debe ser:

Vivía, parece ser vivía”
mas su vida no era un río,
era una fuente sellada,
era un estanque dormido.

JK: Ya para finalizar… si tuvieras que definir un sueño. ¿Qué nombre le pondrías?
Seguir VIVO (activo)  hasta el instante de la muerte.

Gracias a Octavio por acceder a esta entrevista.