jueves, 7 de julio de 2016

Carta del soldado...




 Compañera… amo la parte de mí que tú habitas sosteniendo mi canto con tu voz.  Quiero vivir amando la hermosura que me florece interminable en las profundas líneas de tus manos. Paloma mía… mi mundo está hambriento de tu risa y tus ojos verdes son lo único que tengo para barrer lo oscuro de esta prisa. Aún te veo venir en la distancia con el fusil al hombro reteniendo en tu sangre la parte de guerra que me toca.

(Mi herencia será tuya… yo la pondré a tus pies para que tú la vivas)

Mis pupilas sabrán también de ti… tú habrás de conquistarlas con esa fuerza más para la batalla inacabable que será romper las cadenas de la patria. A sangre y fuego grabarás nuestros nombres sobre los nombres de otros que no tuvieron tiempo para luchar por el sueño común de la esperanza.
Llegará pronto el día… créeme… ya se acerca la hora en que la libertad se cumple y brilla nuestra estrella en el ardiente cielo de tus ojos.
Mientras tanto te espero… en medio de la vida y de la muerte, de cara al enemigo, con tu gusto en mi boca.

Esteban D. Fernández

Sobre el autor: Yo soy un sueño, un imposible… vano fantasma de niebla y luz. Soy incorpóreo, soy intangible…

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