domingo, 28 de julio de 2019

Tres poemas del Libro de Poesía: Desearte en Abril.


Hola, aquí les traigo una muestra de algunos poemas que integran el libro: Desearte en Abril, que como ya les dije se encuentra a la venta en Amazon por sólo 4.99 la versión digital y 9.99 la versión de tapa blanda.

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 Desearte en Abril refleja el amor desde diferentes perspectivas. Se habla de la ausencia de la pareja que se sufre con un dolor visceral en la desesperada batalla contra la soledad y el silencio. Pero también se experimenta la necesidad de la reconquista del ser amado, del cortejo. No todo es profundo desconsuelo. También en estos versos brilla la luz de la esperanza y la fe en la creencia de que cuando un amor es verdadero puede siempre renacer, como el Ave Fénix, de las cenizas.

Cualquiera que sienta semejantes tristezas, nostalgias y deseos… pudiera considerar estos poemas suyos.  

Una mujer escribe este poema


Una mujer espera la muerte de rodillas.

Déjala que camine sobre el fuego,
que se sacuda la intemperie con tu abrazo
que te ordene las sombras en las esquinas
y ostente la cadencia de su talle.

No la detengas.
Una mujer viene despacio por los aires.

Déjala que se quite la bronca y los ropajes
que camine desnuda por tus ojos
que bese los cauces de tu alma
y enloquezca de incendio por las calles.

Una mujer ha entrado en mí como en la noche
es sangre de mi sangre
                                    y blanca como el yeso.

Se viene derrumbando.
No la atormentes.
No la juzgues.

Déjala impregnarse de tu ausencia,
envolverse de tiempo y de distancias.

Esa mujer
lleva la bala de un sumerio en la mirada
para matar al insomnio,
y lame la fusta de su amo en el precipicio de algún llanto.

Es ciega de olvido.
Le crecen multitudes en las manos.

Esa mujer me reconoce.
Escribe mi rostro con la sombra del miedo
y quema como mi cuerpo
cuando se sabe acariciada por el beso de su hombre.

Se viene destruyendo.
                    No la sentencies.
                               No la entristezcas.

Esa mujer es imposible.
Se le quiebran los modos de amar en los conjuros.
(Un ángel la protege buscando migajas de amor en su ventana).

Muerde el polvo, aúlla como loba,
y escribe este poema que nadie leerá:
en mi nombre.


¿Hay amor esta noche en tu mirada triste?
¿Hay lluvia? ¿Brisa? ¿Fuego?
¿Acaso el frío amaneció en tus labios
mientras yo amamantaba los cachorros
de esta soledad recién parida?

Pasa. Dejé el sueño entreabierto                      
y el amor está en la mesa,
servido, entre huesecillos de recuerdos.

Aún me quedas lejos. Quiero saberte cerca.
Soy suave en mi ternura cuando te pienso.

Mi vientre parió hijos de papel, ¿los sientes?
están por todas partes
llenando de rebelión la casa.
Estoy llena de nidos,
me has fecundado la palabra.

Atenta de tu rostro
acarreo miradas como reinos,
jirones de luz, semilleros de estrellas
que han de florecer por los caminos del cielo
en una constelación inapagable.

Mientras tanto te sigo.
Tu beso es una llama irresistible
que enciende el lenguaje de mi cuerpo
en este marzo calladamente ajeno.

Soy mi propia aparecida,
esclava de mí misma.
He sido tantas mujeres ante tus ojos
he guardado en mí tantas promesas,
tantos llantos,
que a veces me confundo de paisaje
y me vuelvo oscura y plural a tus propósitos.

Habrás de perdonarme estas heridas,
las excusas que invento para hablarte,
habrás de perdonarme la intención de ser sola
y este fatal desvelo con que te amo.

Hagamos una locura,
un disparate.

Hazme frágil,
poetisa,
tuya,
y bebamos el amor a cucharadas.

Hagamos un dobladillo a la dulzura,
cosamos el tiempo en la mirada,
estrujemos mi nombre con tu nombre
y matemos a un ángel:
por amarnos,
por no amarnos,
por habernos amado hasta la muerte,
por violentos,
por la errática luz de la mirada
por los “siempre”
por los “nunca”.

Hagamos una locura,
un disparate.

Como casi…
                  como nada…
como miedo de niños bajo el agua
que salvan a su sueño del naufragio,
como ropas de algas que nos cubren
como ganas a punto de ser ganas.

Hagamos un compromiso con el fuego
cruzando por la muerte,
juguemos a querernos,
a sudarnos,
usemos la pasión
hasta abrir nuestra cama por el centro.
Ensuciemos las sábanas de amor,
de fiebre,
de memorias…
atravesémonos a besos
y echemos a los perros la vida que nos falta.
Matémonos a caricias,
a ternura,
hasta incendiar el alba.

Hagamos una locura,
un disparate.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

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