sábado, 2 de diciembre de 2017

Comandante: Los agradecidos te acompañan…



Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día…
¡nuestros muertos, alzando los brazos,
la sabrán defender todavía!

Bonifacio Byrne


 
El pasado 25 de noviembre Letraweb cumplió nueve años de estar en la red. Y aunque este blog me ha aportado muchas satisfacciones, hoy este post quiero dedicarlo al aniversario de la partida física, ocurrida este mismo día, de nuestro comandante en jefe Fidel Castro Ruz.

Alguien me preguntó una vez si yo era comunista. Le dije: No, soy fidelista. Porque para medir con justicia a un hombre de tal talla y elevarse hasta la altura adecuada hay que haber vivido, como lo he hecho yo, desde las entrañas del pueblo, el proceso revolucionario cubano.


Fidel cometió muchos fallos pero sólo porque era un ser humano con sus aciertos y errores, no el Dios que se quiso hacer de su persona. Es injusto que las recientes generaciones sepan poco de su camino y que víctimas inconscientes de una continua divulgación contra Cuba, sobre todo en Europa, lo imaginen como un hombre de la guerra fría, un dirigente de una época eclipsada en la historia contemporánea y cuyo ejemplo tiene poco que aportar a las luchas del siglo XXI.

Fidel Castro era un hombre provisto de un porte extraordinario, de un innegable don de gentes, y también de un intenso embrujo personal. Poseía una maestría sin igual para dialogar con el público. Sabía atraer la atención de un auditorio, conservarlo dominado, enardecerlo, encantarlo e incitar tornados de aplausos durante horas y horas.

No es algo infrecuente en la vida de los hombres extraordinarios que la maledicencia se interese en manchar su prestigio. Sin embargo, hay que reconocer que “la violencia de la flecha dignifica el blanco”.

Pero como diría Ignacio Ramonet: “Fidel es el último monstruo sagrado de la política internacional. Pocos hombres han conocido la gloria de entrar vivos en la historia y en la leyenda. Fidel es uno de ellos. Pertenece a esa generación de insurgentes míticos —Nelson Mandela, Ho Chi Minh, Patricio Lumumba, Amílcar Cabral, Che Guevara, Carlos Marighela, Camilo Torres, Turcios Lima, Mehdi Ben Barka— quienes, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Como miles de intelectuales y de progresistas a través del mundo, y entre ellos hasta los más inteligentes, esa generación pensaba con sinceridad que el comunismo anunciaba un porvenir radiante, y que la injusticia, el racismo y la pobreza podían ser extirpados de la faz de la Tierra en menos de un decenio”.

Y aunque el sueño no pudo ser ideal y tuvo tintes de pesadillas, no hay que olvidar que Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (más de tres mil) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos cuarenta años.

Uno de los grandes errores cometidos por la revolución cubana es que como intransigencia ante los ataques permanentes venidos de afuera, el régimen ha establecido en el interior del país la unión a ultranza. Ha seguido el principio del partido único, y ha tenido propensión a castigar con severidad las divergencias, aplicando a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: «En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.» Por eso, los datos anuales de la organización Amnistía Internacional critican la actitud de las autoridades en materia de libertades (libertad de expresión, libertad de opinión, libertades políticas) y recuerdan que, en Cuba, hay decenas de «prisioneros de opinión».

Pero también contrario de las cosas negativas hay que resaltar los aspectos positivos. A pesar del perpetuo acoso exterior, nuestro pequeño país, apegado a su soberanía, ha obtenido resultados innegables en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestiones de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha alcanzado niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Apunta Ramonet:

La Revolución Cubana, de la cual Fidel Castro es inspirador y líder carismático, sigue siendo, gracias a sus éxitos y a pesar de sus evidentes deficiencias (dificultades económicas, colosal incompetencia burocrática, corrupción a pequeña escala generalizada, penurias, escasez de transportes, racionamiento, dureza de la vida cotidiana, restricciones de ciertas libertades), una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América Latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren intentando establecer regímenes inspirados por el modelo social cubano.

Aunque no lo acepten los adversarios de Fidel Castro, la lealtad de la mayoría de los cubanos a la Revolución es una realidad política indiscutible. Y se trata de una lealtad fundamentada en un nacionalismo que, al contrario de lo que ocurrió en los países comunistas del Este europeo, tiene sus raíces en la resistencia histórica contra las ambiciones anexionistas o imperialistas de los Estados Unidos.

Le guste o no a sus detractores, Fidel Castro tiene un lugar reservado en el panteón mundial consagrado a las figuras que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra.

Como diría nuestro Comandante:
Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.


Martha Jacqueline Iglesias Herrera