martes, 6 de junio de 2017

La persistencia de la memoria…




 Nos dimos el adiós más largo de este mundo
al presentir la imposibilidad de morir sin ser extraños,
apostamos al cuatro del tarot contra todo pronóstico
-emperadores en busca de los raros vestigios de otras metrópolis-
con el ala del sueño sobre la torre Eiffel y el Moulin Rouge
y la maldita luna siempre derramándose de los relojes blandos
tan dueña de la sal, del reflujo, la savia…
y tan insuficiente para iluminar el tiempo que se va,
la fuerza de la sangre… la noche de los hombres.

Izamos las sonrisas más tristes de este mundo.

No somos los que éramos…
quedamos en medio de un antes y un después irrepetible.
Ya no habrá historias para desempolvar
a no ser las memorias de estas máscaras de golpe improvisadas
-mosaico de excusas esgrimidas que apunta a la tragedia-
hilván que escupe el tiempo… variante al sacrificio del dejar,
cortes de heridas que escriben las edades como un peso imposible
siempre que damos un adiós largo y esta sonrisa triste.


Martha Jacqueline
Del Poemario: “De Estirpes y Credos”.

Pintura: Relojes Blandos- Salvador Dalí.
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