viernes, 28 de abril de 2017

Martes de invierno...



No preciso de los ritos del tiempo
para llegar a un marzo de tu entonces inmóvil,
secreto abismo.

Porque todo está en todo.

Y, sin embargo, ese leve rumor de hojas tardías,
también ha de compartir nuestra llegada,
este martes de invierno,
la historia de la piedra donde inscribimos en fuego
los soles anteriores.

Pero no hablemos de los dioses,
ni del color del ángel que ha de poder mirar
por entre la memoria que guarda el porvenir;
tampoco del sendero que se confunde en lenguas
donde los viejos códices encierran el misterio
de lo que nace, apenas, por la nostalgia de la luz;

porque del mismo modo,
la noche está en nosotros y desde el fondo dicta su sentencia,
como si fuera la guardiana de todo lo nombrado:
la que ganó la tierra de toda realidad
con el temblor y con la escarcha,
la que avanzó, a pura negación,
sobre el revés de los encantamientos,
la que ensayó la grieta por donde huye
un pájaro de sombra en un vuelo sin nadie.

Y unas simples monedas no bastan
para leer la cifra de lo que acaba en este día,
de lo que se va yendo con ese olor a duración
luego del pacto con la muerte,
lo mismo que el arcano que nombró las alianzas
y sepultó las pérdidas en el relevo del enigma.

Hemos ganado apenas la marca de los elegidos
que no hallan su lugar entre los velos de otros mundos,
la instantánea de un cielo dispuesta a contraluz
donde yace la imagen de todo lo esperado;
y lo que abrió a su siempre,
a lo que va quedando de tanto rastro indescifrable
en las cenizas de todo cuanto crece.

Martha Jacqueline
Del Poemario: "La piedra del designio".

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