jueves, 2 de febrero de 2017

Renacer...





Sobre nuestros cuerpos vertieron
las copas del abismo,
ungiendo en cada frente un aceite de penas
inmiscible a la dicha.

Y lenguas afiladas fueron dagas glaseadas
que cortaron de pronto, el hilo del camino.

Al cambiar el destino
fuimos cayendo a un vacío distante,
que fue hiriendo los ojos
mutilando los cuerpos
aguzando gemidos…
y entonces vino el miedo de no saber andar
al no hallar lo perdido.

Nos fue abrazando el cuerpo de inexorable trampa
que ahondó en nuestros espíritus,
más no hay filo cortante que haga raya a un diamante
siempre que sea auténtico.

Por eso no cegaron nuestros ojos amantes
ni de los corazones cesaron los latidos,
que aún con los huesos masacrados y rotos:
polvo del polvo… renacimos.


Martha Jacqueline
Del Poemario: "Estirpes y Credos"
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