domingo, 28 de mayo de 2017

La náusea de Blancanieves...




Si Blancanieves hubiera sentido náuseas al comerse la manzana, probablemente hubiera vomitado. Pero hay venenos disfrazados que gustan al paladar y ayudan a oxigenar la sangre hasta que te matan. Luego ya es tarde.
Así pienso en mi isla, Cuba, una dama que parece dormida y espera el beso del príncipe que la despierte. En su letargo los siete enanos le han hecho una urna de cristal para su reposo y la han aislado del mundo, para protegerla, claro está. Pero el mal sabe ocultar sus pasos, disimular sus designios y aprovechar los instantes para ponerse en práctica.
Porque todos somos protagonistas en esta historia. Historia que hacemos y padecemos de diferentes formas. Así, hemos aceptado la responsabilidad de vivirla moralmente mientras somos arrastrados por esa fuerza extraña que muchos llaman “destino”. A veces, hemos soportado ser juguetes de las circunstancias y luego de haber padecido largamente la realidad, algunos han despertado de un sueño que parecía ser eterno para percatarse de que están inmersos en una horrible pesadilla. Y entonces uno se pregunta: ¿cómo enfrentarse a un proceso que te devora? Porque los despertares de los pueblos están preñados de peligros.  Y el hombre va del pasado hacia el futuro.
 Decía Gastón Bachelard: “El luto más cruel es el del porvenir traicionado”.
Y todos nos estamos mirando en ese espejo. ¿Cómo vivir ajenos a esa presión del futuro que sale a nuestro encuentro? ¿Cómo dejar de abrazar este tiempo y su circunstancia histórica?
Que estamos viviendo una crisis no es algo nuevo y en las crisis siempre algo muere: ¿la fe?, ¿las ideas vigentes?, ¿modos de vivir que parecían inconmovibles?
Pero abrirse camino es acción de la condición humana. Lo que varía es el modo que cada hombre elija para recorrerlo. Muchos piensan que han llegado a la meta hasta que algo comienza a contradecir y a socavar la posición alcanzada. A estos caminos en momentos de plenitud suceden caídas, retrocesos; y la esperanza tiene sus momentos de eclipses, de exaltaciones y ¿por qué no?: su momento de resurrección que anuncia la llegada de la mañana. Porque el alba es promesa y despertar. Es la hora más trágica que tiene el día. Es donde se corren los velos de la oscuridad para dar paso a la luz que se filtra como por una herida. 
Así, despertar una y otra vez es el destino del hombre. Lo importante es qué acciones tome en su despertar. Si estará a la altura de los desafíos que le impone el tiempo que le tocó vivir y si podrá superarlos.
Quizás, la Blancanieves de nuestra historia (muy parecida a la bella durmiente de otros cuentos) se haga demasiado vieja en su letargo, y quede esperando por el beso de ese añorado príncipe que nunca llegará. Y así, se quede dormida en su urna de cristal para siempre, aislada del mundo, al cuidado de unos enanos que nunca la lograrán despertar.
Si ella hubiera sentido náuseas al comerse la manzana…

Esteban D. Fernández
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