jueves, 14 de julio de 2016

Operación mordaza...




Cuando la revolución bajó a las masas su evangelio y proclamó que todos los hombres eran iguales, que todos tenían derecho a la libertad y a la igualdad… las masas despertaron del sueño que los había mantenido sumidos en la esclavitud y comenzaron a preguntarse si ellos también tenían esos derechos.
Entonces se dieron cuenta de que el primer paso para la emancipación verdadera era un cambio radical en su situación económica. Pero el hombre para pensar, para actuar, para sentirse libre debe ser redimido de los cuidados materiales de su vida diaria. Por eso, comenzó a pensar en el pan de cada día.
Aquí llegamos a una cuestión muy importante: el principio básico del socialismo. Yo me pregunto: ¿está la sociedad cubana lo suficientemente organizada de manera que cada individuo (hombre o mujer) puedan disfrutar de la riqueza social obtenida por medio del esfuerzo colectivo? En este punto estaríamos hablando del Ideal del pueblo, del fin de sus necesidades, del fin de la pobreza, y la satisfacción plena de todos sus requerimientos materiales. Para esto es necesario separar a los colectivistas o socialistas revolucionarios de los comunistas autoritarios partidarios de la absoluta iniciativa del Estado. Hasta que no se comprenda que la raíz principal de todos los males en la vida de los trabajadores es la pobreza y que esta es una consecuencia directa de la actual organización económica de la sociedad no estaremos preparados para cumplir los objetivos por el cual se hizo la revolución. Esa revolución que no perdonan los imperialistas y que se hizo bajo las mismas narices de Estados Unidos. Esa revolución que en mayo de 1959 Fidel Castro dijo que no era “ni capitalista ni socialista” pues si se debía optar entre “el capitalismo que hambrea al pueblo, y el comunismo que resuelve el problema económico pero suprime las libertades (...) nuestra revolución no es roja, sino verde oliva, el color del ejército rebelde que surgió del corazón de Sierra Maestra”.
Si bien el primer responsable de la terrible escasez y de muchos de los problemas que enfrenta hoy el pueblo cubano es el imperialismo norteamericano cuyo bloqueo busca derrotar a Cuba y que su escarmiento sirva como ejemplo a los pueblos latinoamericanos y del mundo para que no pretendan nunca más rebelarse y buscar un camino propio, debemos garantizar que esa política dictada por la más férrea necesidad sepa imponer adecuadamente (sin excesos innecesarios) ese estricto sistema de racionamiento de bienes y servicios.   
Cabe preguntarnos: ¿Qué sucedió con el sueño original de la revolución cubana? ¿Por qué seguimos el camino de la burocratización generalizada, del autoritarismo, de la supresión de todo criterio considerado diferente al oficial, del reino de la autocensura, la simulación y otros males? ¿Por qué nuestros esquemas se volvieron dogmáticos, empobrecedores y dominantes? ¿Vivimos en una revolución o en un régimen dictatorial?
Tengamos en cuenta que el cambio de siglo se caracteriza por una profunda reestructuración de la vida social. Los procesos de transformación en las sociedades latinoamericanas producen perplejidad y desconcierto. El modo de definir el pasado y el futuro es también un modo de definir el sentido del orden existente. Lo que está pues en juego en la restructuración del tejido social es el principio de igualdad: la idea que nos hacemos acerca de las diferencias legítimas.
Preciso es no quedarnos solos, encerrados en nuestros propios errores. Preciso es no aislarnos, no del mundo… sino de nosotros mismos.
Pongamos fin a la “Operación Mordaza” que ha silenciado la voz de muchos de nuestros mejores hijos. Recordemos que es necesario derrocar lo que es, para poder establecer lo que debe ser...


Esteban D. Fernández